lunes, 4 de mayo de 2009

El Papa pide vigilancia y purificación para que el "mundo" no contamine a la Iglesia

Al ordenar ayer domingo diecinueve sacerdotes, Benedicto XVI constató que "el mundo", entendido en el sentido evangélico, también contamina la Iglesia.

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En la homilía de la celebración eucarística, presidida en la Basílica de San Pedro del Vaticano, el pontífice ofreció pistas para vivir una vida de santidad a los nuevos presbíteros de la diócesis de Roma.

La mitad de los hasta ahora diáconos procedían de la ciudad eterna o de su provincia; otros tres eran italianos, y seis de diferentes países: Nigeria, Haití, Croacia, República Checa, Chile y Corea del Sur.

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El Papa les alentó a vivir una vida de entrega total a Dios, como la de los apóstoles que cambiaron el curso de la historia anunciando la salvación en el nombre de Cristo.

"El discípulo, y especialmente el apóstol, experimenta el mismo gozo de Jesús al conocer el nombre y el rostro del Padre; y comparte también su mismo dolor al ver que Dios no es conocido, que su amor no es intercambiado", explicó el Santo Padre.

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"Por una parte exclamamos, como Juan en su primera Carta: 'Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!'; y por otra parte, con amargura, constatamos: 'El mundo no nos conoce porque no le conoció a él' (1 Juan 3,1)".

"Es verdad --reconoció el Papa--, y nosotros, los sacerdotes, lo sabemos por experiencia: el 'mundo', en la acepción de Juan, no comprende al cristiano, no comprende a los ministros del Evangelio. En parte, porque de hecho no conoce a Dios; y en parte, porque no quiere conocerlo".

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"El mundo no quiere conocer a Dios y escuchar a sus ministros, pues esto lo pondría en crisis", aclaró.

El mundo, dijo, insistiendo en el sentido evangélico de este término, " insidia también a la Iglesia, contagiando a sus miembros y a los mismos ministros ordenados".

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El "mundo", subrayó, "es una mentalidad, una manera de pensar y de vivir que puede contaminar incluso a la Iglesia, y de hecho la contamina, y por tanto exige constante vigilancia y purificación".

"Estamos 'en' el mundo, y corremos también el riesgo de ser 'del' mundo. Y, de hecho, a veces lo somos".

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Para poder tender a la entrega total a Dios, a la santidad, el Papa recomendó a los nuevos sacerdotes vida de oración, "ante todo, en la santa misa cotidiana".

"La celebración eucarística es el acto de oración más grande y más alto y constituye el centro y la fuente de la cual también las demás formas de oración reciben la 'savia': la liturgia de las horas, la adoración eucarística, la lectio divina, el santo Rosario, la meditación".

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"El sacerdote que reza mucho y reza bien, va quedando progresivamente despojado de sí mismo y queda cada vez más unido a Jesús, Buen Pastor y Siervo de los hermanos", aseguró el Papa.

"En conformidad con él, también el sacerdote 'da la vida' por las ovejas que le han sido encomendadas", concluyó.

1 comentario:

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