miércoles, 3 de febrero de 2010

Vida consagrada es don para la Iglesia y el mundo que tiene sed de Dios, dice Benedicto XVI

Al presidir ayer por la tarde las Vísperas en la Jornada de la Vida Consagrada, el Papa Benedicto XVI recordó que este modo de vivir querido por el Creador y que es un don para la Iglesia y todo el mundo que está sediento de Dios y su Palabra, y que corre el riesgo de "sofocarse por lo efímero y lo útil".

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En la fiesta de la Presentación del Señor, el Santo Padre explicó que el objetivo de esta Jornada de la Vida Consagrada "es triple: ante todo alabar y agradecer al Señor por el don de la vida consagrada; en segundo lugar, promover su conocimiento y la estima de parte de todo el Pueblo de Dios; y en fin, invitar a cuantos han dedicado plenamente su propia vida a la causa del Evangelio a celebrar la maravillas que el Señor ha obrado en ellos".

Refiriéndose a la lectura de la Carta a los Hebreos de la celebración en la que se presenta a Cristo "como el Mediador: es verdadero Dios y verdadero e hombre, por lo tanto pertenece realmente al mundo divino y al humano", el Papa resaltó que "en realidad, es precisamente y sólo a partir de esta fe, de esta profesión de fe en Jesucristo, el Mediador único y definitivo, que en la Iglesia tiene sentido una vida consagrada, una vida consagrada a Dios mediante Cristo".

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"Tiene sentido sólo si Él es verdaderamente mediador entre Dios y nosotros, si no fuera así se trataría sólo de una forma de sublimación o de evasión", añadió.

"Si Cristo no fuera verdaderamente Dios, y no fuera, al mismo tiempo, plenamente hombre, desaparecería el fundamento de la vida cristiana en cuanto tal, pero, de forma totalmente particular, desaparecería el fundamento de toda consagración cristiana del hombre y de la mujer", dijo luego Benedicto XVI.

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La vida consagrada, continuó el Papa, "testimonia y expresa de forma ‘fuerte’ precisamente la búsqueda recíproca de Dios y del hombre, el amor que los atrae; la persona consagrada, por el mismo hecho de existir, representa como un ‘puente’ hacia Dios para todos aquellos que la encuentran, un llamado, un reenvío. Y todo esto se afianza en la mediación de Jesucristo, el Consagrado por el Padre ¡El fundamento es Él! Él, que ha compartido nuestra fragilidad, para que nosotros pudiéramos participar de su naturaleza divina".

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Al hablar luego del importante papel de los consagrados como "testigos de la misericordia divina", el Santo Padre resaltó que "también para el hombre de hoy, la vida consagrada permanece como una escuela privilegiada de la ‘compunción del corazón’, del reconocimiento humilde de la propia miseria, pero, al mismo tiempo, permanece como una escuela de la confianza en la misericordia de Dios, en su amor que nunca abandona. En realidad, cuanto más nos acercamos a Dios, más cerca estamos de Él, más útiles somos para los demás".

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Refiriéndose de modo particular a las comunidades de clausura, Benedicto XVI dijo que éstas tienen un "específico compromiso de fidelidad en el ‘estar con el Señor’, en el ‘estar a los pies de la cruz’, desarrollan a menudo este rol vicario, unidas al Cristo de la Pasión, asumiendo en sí los sufrimientos y las pruebas de los demás ofreciendo con alegría todo, por la salvación del mundo".

"En fin, queridos amigos, queremos elevar al Señor un himno de acción de gracias y de alabanza precisamente por la vida consagrada. Si ella no existiera ¡cuán pobre sería todavía más el mundo! Más allá de las valoraciones superficiales de funcionalidad, la vida consagrada es importante precisamente por su ser signo de gratuidad y de amor, y ello aún más en una sociedad que corre el riesgo de quedar sofocada en el vórtice de lo efímero y de lo útil’".

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El Papa también subrayó que "la vida consagrada, sin embargo, testimonia la sobreabundancia de amor que impulsa a ‘perder’ la propia vida, como respuesta a la sobreabundancia de amor del Señor, que fue el primero que ‘perdió’ su vida por nosotros. En este momento pienso en las personas consagradas, que sienten el peso de la fatiga cotidiana, escasa de gratificaciones humanas, pienso en los religiosos y en las religiosas ancianos y enfermos, en cuantos se sienten en dificultad en su apostolado. Ninguno de ellos es inútil, porque el Señor los asocia al ‘trono de la gracia’. Son, al contrario, un don precioso para la Iglesia y para el mundo, sediento de Dios y de la su Palabra".

Finalmente y en el marco del Año Sacerdotal, el Papa Benedicto XVI alentó a que éste sea "una ocasión ulterior, para los religiosos presbíteros, para intensificar el camino de santificación y, para todos los consagrados y las consagradas, un estímulo para acompañar y sostener su ministerio con ferviente oración. Este año de gracia tendrá un momento culminante en Roma, el próximo mes de junio, en el encuentro internacional de los sacerdotes, al cual invito a cuantos ejercen el Sagrado Ministerio".

 

Presentan balance de daños en comunidades religiosas en Haití

La agencia vaticana Fides dio a conocer el balance de los daños de las comunidades religiosas en Haití, tras el terremoto ocurrido el pasado 12 de enero en el que fallecieron unas 150 mil personas y resultaron afectadas otras tres millones.

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A 20 días de esta catástrofe, Fides señala que:

Las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl sufrieron el daño de sus casas y perdieron a una hermana.

Hijas de la Sapienza: Casas y escuela destruida y seis hermanas fallecidas;

Hijas de María: Trece religiosas muertas

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Hijas de María Auxiliadora: Casa y escuela destruidas;

Hermanos de la instrucción cristiana: Destruida la casa provincial y tres escuelas, dos religiosos muertos;

Pequeñas Hermanas de Santa Teresa: Dos casas y cinco escuelas destruidas, cuatro hermanas y siete profesores muertos;

Salesianos: Tres religiosos muertos, todas sus casas en escombros

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Hermanas de Santa Ana: Una religiosa muerta, destruidas varias casas y escuelas;

Hermanas de San Francisco de Asís: Daños en la casa y el colegio destruido;

cuantiosos daños materiales también para los marianistas, los misioneros de Scheut, los misioneros del Corazón Inmaculado de María, y las Dominicas de la Presentación.

lunes, 1 de febrero de 2010

“QUEREMOS VER A JESÚS” Mensaje del Rector Mayor al Movimiento Juvenil Salesiano En el centenario de la muerte de don Miguel Rúa

Queridísimos jóvenes,

Aquí estoy, fiel a nuestra cita con ocasión de la fiesta de Don Bosco, “padre de los jóvenes”. Nuestro encuentro de este año, que lamento sea sólo virtual, aunque no sea menos verdadero y auténtico, coincide con el comienzo del centenario de la muere de Don Rúa, primer sucesor de Don Bosco y, sin duda, su discípulo más fiel y mejor logrado.

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De hecho, ésta es una de las motivaciones principales para la elección del tema del Aguinaldo ofrecido a toda la Familia Salesiana para este año 2010: “A imitación de don Rúa, como discípulos auténticos y apóstoles apasionados, llevemos el Evangelio a los jóvenes”.

Pues bien, quiero ser el primero en acoger el programa espiritual y pastoral del Aguinaldo y, a través de este mensaje, a modo de diálogo entre vosotros y yo, os ofrezco el Evangelio y deseo haceros ver a Jesús, para que también podáis llegar a ser sus discípulos, testigos y apóstoles.

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Cuando me encuentro con vosotros, muchas veces percibo en vosotros un gran deseo de encontrar al Señor. Tal vez no logréis expresar este deseo con claridad, pero yo recojo de todas maneras vuestro anhelo más profundo, el que habita en vuestro corazón. Os tomo de la mano y os llevo hasta mi Maestro, mi Señor y mi Dios.

“¡Don Pascual, queremos ver a Jesús!”

Si lo deseáis de verdad, debéis tener pies resistentes  y oídos atentos. Porque Jesús camina. ¡Y no se detiene jamás! Para encontrarle deberíais escuchar el canto de los granitos de arena levantados por sus pies. A su paso, todo se convierte en nuevo y su paso no conoce fin.

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Siempre conserva una zancada de ventaja y su palabra es como Él, incesantemente en movimiento, sin límite en el acto de entregar todo, de dar a conocer todo sobre sí mismo. Han transcurrido 2.000 años, pero Él parece que acaba de pasar. La historia todavía crepita por su paso, como después de la explosión de una bomba. Y el mundo no es el de antes. Nadie ha hablado sobre Dios como este hombre, nadie nos ha amado como Él, nadie se ha entregado totalmente como Él hasta anonadarse. Nadie ha imperado como Él al viento y al mar, a los espíritus malvados que atormentan y destruyen en el hombre la parte mejor de su humanidad, nadie como Él ha vencido a la muerte y al pecado. Es distinto de todos los demás.

Por esto muchos le odian, como se odian los que no se han homologado al pensamiento corriente.

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“Yo no tengo un puesto para dormir cuando cae la noche. No tengo un escondrijo, si alguno me busca. Las zorras tienen sus madrigueras, los pájaros su nido; Yo vivo sin protección entre peligros y amenazas. Quien aspire a abrirse camino siguiendo los métodos al uso, no encuentra en Mí lo que busca”.

Dice a aquellos con los que se encuentra: “¡Ha llegado la hora de cambiar!”.
“Dios está aquí en medio de vosotros y nadie puede detenerle ya”.

“Es Él a quien buscamos. Anda, llévale nuestra petición”.

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No es necesario. Él sabe lo que queréis. En las orillas del lago, la gente le asedia y le pregunta: “¿Cuál es tu mensaje?”. Jesús mira a los pescadores que están echando las redes. Su respuesta es muy distinta de la que habríamos esperado.  No lanza una arenga ni pronuncia una conferencia, sino que dice: “¡Venid! ¿Por qué continuáis pescando? ¡Mejor, salvad al que se ahoga, varones y mujeres,  con el agua al cuello! ¡Tengo necesidad de vosotros! Quiero haceros pescadores de hombres”.

Y ellos dejan las redes, la barca, padres, mujeres e hijos. Se van con Él. “¿Queréis de verdad saber quién soy? Haced el camino conmigo y tendréis la respuesta”, dice Jesús. Se necesita coraje y andar contra corriente. Es incómodo dejar la perezosa quietud de los días siempre iguales e iniciar un nuevo camino.

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Un día, un joven como vosotros viene a buscar a Jesús y le dice: “Maestro, ¿qué tengo que hacer para ser como Dios me quiere? ¡Confíame el secreto de esta felicidad!”.

Jesús responde: “Conoces los mandamientos de Dios: No matar. No cometer adulterio. No robar. No jurar en falso. Honra a tu padre y a tu madre”.

“Maestro, replica el joven, todo esto lo he respetado con rigor desde mi más tierna infancia”. Jesús le mira con amor y le dice : «Sólo te falta una cosa para llegar a la meta: vuelve a casa, vende todos tus bienes y dona a los pobres lo recabado. Luego ven y sígueme”. Pero el joven se entristece y se marcha.

Seguir a Jesús no significa tomar “una” decisión. Significa tomar “la” decisión. Significa arriesgar todo jugando a una sola carta. Significa asumir como propia la decisión que ha tomado Él respecto a nosotros: “Os aseguro que no hay amor más grande que éste: dar la vida por los propios amigos”.

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Y, para dejar todo más claro, todo más concreto, Jesús ofrece su explicación a través de dos parábolas: “El Reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo; un hombre lo encuentra y lo esconde; después va, lleno de alegría, vende todos sus bienes y compra aquel campo. El Reino de los cielos es semejante también a un comerciante que va en busca de perlas preciosas; encontrada una perla de gran valor, vende todos sus bienes y la compra”.

Jesús nos impulsa hasta la paradoja: en otra parábola elogia a un administrador infiel y deshonesto, culpable de falsedad en acto público, estafa, apropiación indebida y corrupción. Sólo para poner de relieve que ese hombre se ingenia para garantizarse el futuro, es decir, es previsor. Es un deshonesto, pero con coherencia sigue una línea muy derecha: mira sin escrúpulos a su propio provecho.

Queridos jóvenes, amigos míos y de Don Bosco, no podéis vivir sin saber lo que verdaderamente cuenta, sin saber cuál es el sentido de la vida. Porque la vida es todo lo que tenéis.

La única carta segura sobre la que podéis apostar es precisamente Él, Jesús.

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“Pero, don Pascual, el Reino de Dios no es para nosotros. Es una cosa demasiado alta y difícil”.

¡Si Jesús te quiere y te llama, puedes moverte! Puedes cambiar de dirección, iniciar un nuevo camino. Basta saberse, sentirse y quererse amado por Él. Basta cambiar tus costumbres, repensar tus convicciones. Así hicieron los primeros discípulos: llamados uno a uno por su nombre, se pusieron sin vacilación en camino directo hacia Él.

En la vida de cada hombre hay un día, una hora que deja un recuerdo inolvidable. Es el momento en el que sucede algo nuevo, es el momento en que una vida cambia totalmente. “Eran cerca de las cuatro de la arde”, recuerda Juan, cuando encontraron a Jesús.

La Escritura nos da muchos testimonios. Dios hace sus elecciones sin fijarse en censo, dotes o cualidades personales; más todavía, escoge paradójicamente a los más débiles, a los pobres, a los ignorantes del mundo. A veces llama de manera impetuosa, casi violenta: es el caso de Pablo, caído por tierra en el camino de Damasco. Muchas veces, por el contrario, lo hace de manera sencilla y persuasiva. Así fue  la invitación dirigida a los dos discípulos de Juan Bautista.

Para llamar a un persona, la mayor parte de las veces Dios  se vale de una mediación humana: el Bautista para Andrés y Juan; Andrés para su hermano Simón; Felipe para Natanael. ¡Así entonces ...! ¿Y ahora? ¡Hoy se sirve de mí para llamarte a ti! ¡Ven! ¡Te invito a conocerle!

Es verdad. No fue fácil para los discípulos captar la “lógica” de su Maestro, pero al final se dieron cuenta de que fuera de Él no habrían encontrado palabras capaces de dar luz y fuerza para alcanzar la plenitud de vida que Jesús les había indicado.

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Y no sólo a ellos. Zaqueo, un publicano, es decir, un cobrador de impuestos, era un funcionario que exigía las tasas para los romanos. A los ojos de la gente, un “colaboracionista”, un traidor, despreciado y odiado por los “verdaderos” judíos. Precisamente este Zaqueo, traidor y deshonesto, se entera de que Jesús está entrando en Jericó. Ha oído hablar de este hombre. Dentro de sí siente una fuerte atracción: desearía conocer o, al menos, ver a Jesús. Deja la mesa de los impuestos y corre a donde se amontona la multitud en torno al Maestro. Hay demasiada gente y él, pequeño de estatura, incluso dando saltos, no consigue ver absolutamente nada. Entonces corre más adelante y se sube a un árbol. El rico, poderoso y ciertamente odiado Zaqueo, se encarama entre las ramas de un sicómoro. Su gran deseo le ha hecho perder toda dignidad y le ha convertido en hazmerreír a los ojos de la gente. Todos se ríen de él y también Jesús debió de sonreír, pero después, escrutando el fondo de su corazón, le dice: “Baja, Zaqueo, porque hoy debo quedarme en tu casa”. Zaqueo baja, corre a casa.

Las autoridades públicas de Jericó y los judíos bienpensantes están molestos, furiosos y heridos. Todos murmuran y dicen: “Ha ido a casa de un pecador”. Están asombrados y tienen la impresión de no entender nada. Es el mundo vuelto a revés: ¡el Mesías en cada de los pecadores!

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Pero Jesús obra  siempre de este modo. Descompone nuestro mundo egoísta e hipócrita, lo descoyunta y no le importa el orden establecido. Da la vuelta a los valores estables, para poner en su lugar un orden social totalmente nuevo.

Jesús está en casa de Zaqueo y no le dice que abandone a su mujer, que venda su casa, que distribuya sus bienes a los pobres y que Le siga. Le dice solamente: “Hoy me quedo en tu casa”.

Las llamadas de Jesús son de dos tipos. Dice al joven rico: “Ve, vende todo lo que tienes y sígueme. No llevarás bagaje, no te servirán, proveeré Yo de  ti. Yo seré tu Bien”. A Zaqueo, en cambio: “Hoy debo quedarme contigo”. Esta última llamada no es más fácil que la primera. A Zaqueo, en efecto, le desbarajusta todo su modo de ser y de vivir.

Cuando Jesús dice que quiere vivir con nosotros y nosotros le recibimos en nuestra casa, entonces muchas cosas cambian dentro de nosotros y nuestro modo de vivir se revoluciona. Cuando acogemos a Jesús en nuestra vida, Él nos libera de todo cuanto no es Dios.

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Cuenta una sola cosa: ¡Acogerle! Y para esto hay que estar siempre dispuestos y vigilantes: en el momento en que recibes su llamada, tienes la posibilidad de convertirte en una persona libre, capaz de disponer de ti mismo para poner tu vida a su servicio y al de los demás.

“Entonces, ¿crees de verdad que Dios tiene necesidad de nosotros?

En primer lugar, Jesús quiso tener a hombres en torno a Él: doce amigos, una comunidad, un pueblo. Después hace más: se presenta a Sí mismo y a la Iglesia como una vid: “Yo soy la verdadera vid. Permaneced unidos a Mí, y Yo estaré unido a vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí solo, si no permanece unido a la vid, tampoco vosotros podéis dar fruto si no permanecéis unidos a Mí. Yo soy la vid. Vosotros sois los sarmientos. Si uno permanece unido a Mí  y Yo a él, produce mucho fruto; sin Mí no podéis hacer nada”.

En sus amigos circula su misma sangre. “Yo soy vosotros y vosotros sois Yo”, afirma. “Y éste es el signo para reconocerme: se llama Eucaristía. Somos el mismo cuerpo. En nosotros circula la misma sangre. Vosotros sois ahora mis manos, mis pies y mi corazón”.

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Después de haberle crucificado, sus enemigos pensaban: ¡Lo hemos eliminado! De una vez por siempre, hemos colocado una piedra sobre Jesús de Nazaret. Pero no se puede impedir al sol que salga. No se puede impedir que sea Vida a Aquel que puede vencer a la muerte. No se puede impedir participar en la Vida de Aquel que es la fuente de la Vida. Nada hay más vivo que Dios. Y en aquella última noche, en la Eucaristía, Jesús dice: “¡Ahora sois Yo”. ¡Jesús está vivo en nosotros!
Queridos jóvenes, podéis ser genios, organizadores, inventores, gente famosa, varones y mujeres de éxito... Pero todo esto no es nada ante la posibilidad de ser un instrumento en las manos de Dios.

No podéis tener una vida estéril, que cada día marchita un poco más la vida. Por el contrario, podéis estar repletos de fruto. Es una responsabilidad vuestra. “Mi Padre es el agricultor”, explica Jesús. “Toda rama que no esté en Mí y no dé fruto, Él la corta y la arroja fuera, y las ramas que dan fruto las libera  de todo lo que impide dar frutos más abundantes. Vosotros estáis ya liberados gracias a la Palabra que os he anunciado”.

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Podéis ser la boca a través de la cual Dios continúa hablando a los seres humanos, instrumentos para anunciar la verdadera libertad. Podéis ser los ojos que saben ver en la oscuridad del mundo, para indicar después a los demás la presencia de Dios y su Reino. Podéis ser los oídos que, en medio de los ruidos y de las músicas de los iPod, consiguen oír lo que ya parece no audible: la voz del que llora, del que implora ayuda, del que invoca respeto y dignidad y del que pide justicia y pan. Podéis ser las manos y los pies para ir al encuentro de las personas y levantarlas y sostenerlas en pie en el nombre de Jesús. Y descubriréis que habéis recibido mucho más de cuanto hayáis sido capaces de dar.

Éste es secreto de la felicidad. “La felicidad está en otra parte, en la parte que no pensáis”, dice Jesús. “La felicidad se construye sólo con Dios”.

Lo había anunciado ya una joven hebrea en Nazaret, su madre, antes de que Él naciese: “Cantaré mi canción más bella en honor de Dios, porque Él es poderoso. Ha hecho en mí grandes cosas. Su nombre es santo. Su misericordia dura por siempre con todos aquellos que le sirven. Ha dado prueba de su poder, ha destruido a los soberbios y sus proyectos. Ha derribado del trono a los poderosos, ha levantado de la tierra a los oprimidos. Ha colmado de bienes a los pobres, ha despedido a los ricos con las manos vacías”.

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Dios está de parte de los derrotados, de los pobres, de los atormentados, de los puros y de los pacíficos. “Los pobres son felices, alegres, bienaventurados, en paz, en armonía consigo mismos, con el mundo y con Dios, porque tienen las manos y el corazón puro, que no conoce el egoísmo, que no gira en torno a sí mismo, sino que mira a Dios. Bienaventurados los que construyen la paz y luchan por la justicia”.

“Vosotros sois la sal de la tierra y, por tanto, podéis impedir que este mundo se corrompa. Debéis ser antorchas encendidas, porque todavía hay demasiada oscuridad en este mundo No os he pedido simplemente que llevéis una luz. ¡Vosotros debéis ser la luz! Debéis ser fuego y, para dar luz, debéis consumaros vosotros mismos, como el tronco que arde”.

Seréis bienaventurados si os decidís a caminar con Jesús, si aceptáis el riesgo de transformar en luz vuestros sueños; pero, sobre todo, seréis felices si permanecéis en Él y no simplemente con Él. Libres para producir frutos, es decir, las obras visibles de un amor concreto, hecho de verdad, de entrega, de sacrificio total de la vida, si fuera necesario.

En la última noche, Jesús se levantó, se quitó al manto y se ciñó un delantal a los lomos. Después echó agua en una jofaina y se puso a lavar los pies a sus discípulos y a secarlos con su delantal. Así hacían los esclavos. Inmediatamente después dijo: “Lo que he hecho Yo, hacedlo también vosotros, los unos a los otros”.

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Formad un pueblo de personas que se aman, para que, viéndoos a vosotros, comiencen a creer en Dios.

Somos un nuevo pueblo. Somos la Familia de Dios, somos la verdadera vid que el Padre cuida con amor. Recibimos la linfa del Espíritu de Jesús y somos los sarmientos que dan fruto... Nos llamamos Benito de Nursia, Francisco de Asís, Domingo de Guzmán, Ignacio de Loyola, Teresa de Jesús, Francisco de Sales, Don Bosco, Madre Mazzarello, Don Rua, Domingo Savio, Laura Vicuña, Monseñor Versiglia, Calixto Caravario, José Calasanz, José Kowalski, Zeferino Namuncurá, Jóvenes Mártires del Oratorio de Poznan, Piergiorgio Frassati, Madre Teresa de Calcuta, Damián de Veuster, José Quadrio, Nino Baglieri... Nosotros... Somos muchos. Una Familia que cada día acoge la Palabra. Una vid que cada día ofrece los frutos del Espíritu.

Por tanto, caminad con la cabeza erguida. Tenéis vuestra vida en vuestras manos. Tenéis plena conciencia de vosotros mismos. Permaneced en pie, aunque estéis solos, aunque sea frente a una multitud. Podéis inclinaros sólo ante Dios y para levantar a los que han caído. Amad a Dios con todo el corazón y a las personas que viven a vuestro lado, como a vosotros mismos.

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Jesús concluyó su Sermón de la Montaña con estas palabras: “El que pone en práctica lo que os digo es una persona previsora que había construido su casa sobre una roca. Y cuando llegó el nublado y los ríos se desbordaron y la tempestad se abatió sobre la casa, ésta quedó intacta, porque sus cimientos habían sido excavados en la roca.
En cambio, el que escucha mis palabras y no las pone en práctica es tan necio como quien había construido su propia casa sobre la arena. Y cuando vino la lluvia y los ríos se salieron de cauce y la tempestad descargó sobre la casa, ésta se rompió y quedó hecha añicos”.

Tened cuidado de vosotros mismos: construid vuestra casa sobre la roca o seréis triturados.

“Don Pascual, ¿Jesús pretende todo esto de nosotros?”

Servir al Señor es muy sencillo. Dios no es un tirano. Dios habla con vosotros como un padre y un amigo.

“No sois vosotros los que Me habéis elegido como amigo, sino que he sido Yo el que os ha elegido a vosotros y os he convertido en mis amigos. Así, vuestro trabajo crecerá  y producirá frutos que durarán toda la eternidad. Si seguís el camino que os muestro, dice Jesús, experimentaréis cómo es bonito pertenecer a  Dios y cómo no es pesada la carga que la fe os pide que llevéis”.

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Debéis tomar aliento, levantaros, debéis sentiros personas libres. Mi mensaje es una invitación a una fiesta. El futuro es una mesa llena de alegría entre amigos, y Dios celebrará fiesta con nosotros.

Jesús dice que su palabra está sembrada dentro de vosotros, como en un campo; pero el corazón humano es terreno difícil y complicado, lleno de durezas y sofocado por la maleza espinosa.

A pesar de todo, vosotros sois el campo. Si comenzáis a escuchar la Palabra, podréis encontrar algo precioso.

Antes de nada, podréis encontraros a vosotros mismos. Y encontraréis a Dios dentro de vosotros. “No debéis tener miedo, pero no podéis hacer nada sin Él. Y Él tiene necesidad de vosotros”.

Él nos conoce muy bien, exactamente como somos. Conoce el singular mundo de tinieblas y de luz que está dentro de nosotros; conoce mejor que nosotros la misteriosa mezcla que somos.

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Sabe de qué somos capaces. Los otros pueden quedar defraudados, porque se han forjado sueños sobre nosotros y nos proyectan en su ideal. En cambio, Dios no queda jamás defraudado. ¡Porque aquél a quien Él ama soy yo, como soy hoy...!
Dios no vive en el futuro ni vive en el pasado, sino en el presente. Él es el presente y me ve en mi realidad presente.

También los amigos de Jesús pensaban que era necesario ser grandes y poderosos para realizar el Reino de Dios; pero Él dijo: “Para ser útiles a Dios debéis ser pequeños, como un niño”.

Un niño es un ser que todavía tiene ante sí su propio futuro. Un niño está hecho de sueños y de confianza.

Caminad derechos, con la cabeza erguida. Tenéis un futuro ante vosotros y merece la pena  ir a su encuentro. Los niños son débiles: lo que más les falta es sobre todo la fuerza. Pero tienen confianza. Y cuando todo marcha bien,  saben que son amados.

Y tienen delante de sí el futuro. Vosotros tenéis una palabra que decir en vuestra vida y con vuestra vida. Una palabra de consuelo, una palabra liberadora, una palabra de esperanza, abierta al futuro. Tened el valor de pronunciarla. Tened el valor de ser lo que sois y debéis serlo íntegramente: personas autenticas, libres, que tienen una vocación.

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¡No tengáis miedo! Caminemos con valentía hacia la otra orilla.

Este océano de peligros y de amenazas es realmente muy grande y nuestra barca es pequeña y frágil. Pero en nuestra barca llevamos a Jesús, el Hijo de Dios. ¿Quién puede darnos miedo?

Queridos jóvenes, os quiero de verdad  y he acogido vuestra petición de haceros ver a Jesús. Os lo he hecho ver y os llevado a Él. Deseo que ahora podáis confesar como los discípulos del Bautista: “Hemos encontrado al Cristo”, y que os preocupéis de trabajar para conducir a otros hasta Jesús.

Para concluir, os dejo con la oración del Cardenal Newman. Hacedla vuestra y convertidla en programa de vida.

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EN TUS MANOS

Señor, me pongo en tus manos enteramente.
Tú me has creado para Ti.
No quiero pensar más en mí,
sino sólo seguirte.

¿Qué quieres que haga?
Permíteme hacer el camino contigo,
acompañarte siempre,
en la alegría y en el dolor.

Te entrego deseos, placeres,
debilidades, proyectos, pensamientos
que me entretienen lejos de Ti
y me repliegan continuamente sobre mí.

¡Haz de mí lo que quieras!
No discuto sobre el precio.
No trato de saber con anticipación
tus designios sobre mí.
Quiero lo que Tú quieras para mí.

No digo: “Te seguiré donde vayas”,
porque soy débil.
Pero me entrego a Ti
para que seas Tú quien me conduce.
Quiero seguirte  en la oscuridad,
sólo Te pido la fuerza necesaria.

Oh, Señor, haz que yo lleve todo ante Ti,
y que busque lo que Te agrada
en cualquier decisión mía
y tu bendición sobre todas mis acciones.

Como un reloj de sol no indica la hora
si no es con el sol,
así quiero yo ser orientado por Ti:
Tú quieres guiarme y servirte de mí.
Así sea, Señor Jesús.  (Cardenal J.H. Newman)

Con afecto y gran estima.

D. Pascual Chávez Villanueva, SDB
Rector Mayor

La caridad es y debe ser el distintivo de todo cristiano, dice el Papa

Miles de fieles y peregrinos se dieron cita en la Plaza de San Pedro ayer al medio día para rezar el Ángelus dominical junto al Papa Benedicto XVI, quien al introducir la oración mariana hizo una reflexión sobre la caridad en cuanto núcleo de la existencia cristiana.

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“La vía de la perfección no consiste en el poseer cualidades excepcionales sino en la caridad, en el amor auténtico que Dios ha revelado en Jesucristo”, dijo el Papa al meditar sobre la segunda lectura que propone la liturgia el día de hoy.

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El Pontífice agregó que “la caridad es el don más grande, que da valor a todos los otros dones. Quien ama verdaderamente no busca el propio interés, todo lo perdona, todo lo cree, en todo espera y todo lo soporta”.“La caridad es el distintivo del cristiano. Es la síntesis de toda su vida: de aquello que cree y de aquello que hace. El amor es la esencia de Dios mismo, es el sentido de la creación y de la historia, es la luz que da bondad y belleza a la existencia de cada hombre”, afirmó Benedicto XVI.

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Continuando con su reflexión sobre el amor, el Santo Padre dijo que este es “la esencia de Dios mismo, es el sentido de la creación y de la historia, es la luz que da bondad y belleza a la existencia de cada hombre”.

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Finalmente, el Santo Padre recordó a los santos cuya vida es “un himno a la caridad, un cántico viviente al amor de Dios”.Terminadas sus palabras introductorias Benedicto XVI rezó el Ángelus, saludó a los presentes en diversos idiomas e impartió su Bendición Apostólica.

 

sábado, 30 de enero de 2010

FIESTA DE DON BOSCO

En el año 1815 apareció un nuevo astro destinado a irradiar una luz benéfica para toda la humanidad: JUANITO BOSCO!!!


Nació de una familia humilde el 16 de Agosto de 1815 en un pueblito "Y Becchi... en Castelnuovo d'Asti (ahora Castelnuovo Don Bosco). Su santa madre "mamá Margarita" fue educándolo a la fe protegiéndolo de la prepotencia de su hermano mayor Antonio, que no quería que él estudiara...

El niño quedó huérfano por la muerte del padre, pero bajo el cuidado de la madre, fue creciendo en edad y en gracia como el niño Jesús, lleno de ansia de santidad y de apostolado.

Pequeñito ejercía la tarea de catequista en medio de los compañeritos, que reunía frente a la Iglesia transmitiéndoles lo que le enseñaba la mamá o lo que aprendía en los sermones del Párroco, y también divirtiéndolos con sus capacidades de pequeño saltimbanqui y de mago. Dotado de grande inteligencia, fue creciendo en el estudio: siendo pobre, fue alternando el estudio con el trabajo, para costearse los libros. Fue empleado en distintas actividades.

Tiene grande importancia el Sueño-Visión a los 9 años...
Vio un campo lleno de animales feroces, que al rato se transformaron en corderitos. Vio un campo lleno de niños y muchachos, que peleaban, blasfemaban... Indignado Juanito empezó a darles patadas y golpes a derecha y a izquierda. Pero el personaje que apareció lo paró de inmediato diciéndole:.." Juanito, no con golpes, sino con la bondad y la mansedumbre puedes transformar a estos niños y jóvenes en corderitos...". Juanito lloró, no sabiendo cómo hacer.

El Personaje le dijo: "...Juanito, yo te daré la la guía y la maestra"...

En el momento le apareció la Virgen vestida de blanco y de azul... Terminó el sueño: Juanito comprendió la misión a la cual lo destinaba Dios: salvar a la juventud... La Virgen Auxiliadora fue acompañándolo en la adolescencia hasta entrar al seminario de Chieri, hasta el sacerdocio (año 1840).

8 de Diciembre de 1841: se preparaba Don Bosco a rezar la Misa en la Iglesia de San Francisco de Asís. Un chico de 14 años (Bartolomé Garelli) estaba a la puerta de la sacristía mirando. El sacristán lo invitó a ayudar la santa Misa...El chico se excusa por no saber... el sacristán indignado fue a golpearlo con la caña de encender las velas y aquél se escapó. Don Bosco, que vio todo esto se entristeció y dijo.: "Qué has hecho!! es mi amigo...llámalo".... El niño lleno de miedo, regresó y Don Bosco lo trató con mucho cariño y le hizo muchas preguntas. Las respuestas fueron todas negativas: Era un pobre huérfano, no tenía casa, dormía detrás de la puerta de alguna iglesia o bajo los pórticos de Turín, y no sabía nada de religión... Don Bosco lo invitó a rezar con él una Ave María y lo invitó a volver con muchos otros compañeros. En ese momento nació la Obra del Oratorio.



Don Bosco no tenía lugar para el Oratorio y fue juntando a los chicos en cualquier terreno baldío de las afueras de Turín... Cada domingo era un problema por las protestas de los vecinos, que acudían a la policía. Pero un día se le presentó un enviado del Sr. Pirando, que le propuso la venta a buen precio de un tinglado.... Don Bosco lo compró en cuotas. Fue así la "Casa Pinardi"el primer oratorio estable, que fue creciendo de manera milagrosa hasta ser la casa madre de los salesianos con un complejo de grandes construcciones.



La Basílica de María Auxiliadora en Turín fue el monumento material de la gratitud de Don Bosco a la Virgen que "lo había hecho todo..." La construcción de ese maravilloso templo fue milagrosa. Cuando el constructor suspendió los trabajos por falta de pago, Don Bosco quiso pagarle: "Abra las manos...."....Don Bosco arrojó en las manos todo el dinero del monedero (0,40 centavos de aquellos). El constructor se puso pálido...."Esto, " dijo el santo "es lo que puede pagar el pobre Don Bosco, pero pronto lo hará la Virgen y mandará dinero no sólo para la construcción del templo, sino también mandará dinero para la construcción de un gran edificio, para niños pobres"..... y comenzaron los milagros.



Don Bosco quiso agradecer a la Virgen también con un monumento de piedras vivas, fundando con Santa María Dominga Mazzarello el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, la rama femenina de la Obra de Don Bosco.

Don Bosco fue un predestinado, figura de primer plano en la historia de la Iglesia y de la humanidad. Supo realizar una obra religiosa social de gran envergadura y con visión de futuro y sigue creciendo como árbol gigantesco, cuyas ramas se extienden en 124 países de los 5 continentes.



" Dotado de extraordinario talento y fina distinción, pudo ser un gran orador, un gran historiador, un gran estadista:... pudo ser... lo que se hubiera propuesto. Pero se quedó en ser...lo que Dios quiso que fuera:...el hombre que supo amar a todos y hacerse amar por todos...."
(Mons. M. Olaechea s.d.b. - Arzobispo de Valencia)

"Don Bosco es un hombre providencial. En toda su obra se descubre la mano de Dios"
(Papa León XIII)

"...un gigante de enormes brazos que ha logrado abrazar al mundo entero..."
(Cardenal Nina a León XIII)

"Don Bosco es un gigante de santidad. Conviví algunos días con él en los ya lejanos días de mi juventud, desde entonces supe que era Santo..."
(Pio XI)

"Cuando pienso en la obra de Don Bosco, pienso en la multiplicación milagrosa de los panes y peces"
(Mons. Fulton Scheen)

"!San Juan Bosco, su nombre es todo un poema de gracia y de apostolado. Desde una aldea de Piamonte ha llevado la gloria y los triunfos de la caridad de Cristo hasta los más lejanos confines de la tierra..."
(Beato Juan XXIII)

"Don Bosco es un hombre de leyenda..."
(Víctor Hugo)

Fue dotado de grandes dones naturales y sobrenaturales, como los grandes santos. Tuvo el don de profecía, el don de milagros. Se adelantó 100 años al Concilio Vaticano II y eso por su espíritu evangélico.

Don Bosco fue un soñador. A los 9 años Dios le manifestó su misión. Durante toda su vida soñó Oratorios, Colegios, Escuelas Primarias, Secundarias, Escuelas de capacitación laboral, Bachilleratos comerciales, Pedagógicos, Técnicos y Agrícolas, Industriales, Electrónicos, Residencias Universitarias, casas de Retiros Espirituales, Parroquias, Iglesias, Capellanías, Editoriales, Centros de Comunicación Social y misiones para los más desheredados en todas las naciones del mundo....

Soñó la Primera Misión Salesiana en la Patagonia.... Envió la primera expedición de misioneros, que llegaron a Buenos Aires el 14 de diciembre de 1875 al frente del P. Juan Cagliero, (luego obispo y primer cardenal salesiano)

HOY SE CUMPLEN 121 AÑOS DE LA MUERTE DE DON BOSCO.





Al tiempo de la muerte de Don Bosco en 1888 existían 250 casas de la Asociación Salesiana en todo el mundo, que incluían a 130,000 niños, y de los cuales egresaban cada año 18,000 aprendices graduados. En la casa matriz Don Bosco había seleccionado a sus pupilos más brillantes, les enseñó Italiano, Latín, Francés y matemáticas, y esta banda formó un cuerpo de enseñanza para los nuevos hogares que crecían rápidamente en otros lugares. Hasta 1888 más de seis mil sacerdotes habían egresado de las instituciones de Don Bosco, de los cuales 1,200 permanecieron en la asociación. Las escuelas ofrecían desde las primeras instrucciones a los pequeños hasta, para aquellos que lo elegían, seminarios para el sacerdocio.

ELEVACIÓN DE LA ESTATUA DE DON BOSCO EN LA BASILICA DE SAN PEDRO, EL VATICANO.



DON RUA, PRIMER SUCESOR DE DON BOSCO, AL CENTRO, A SU LADO IZQUIERDO DON JUAN CAGLIERO, PRIMER OBISPO Y CARDENAL SALESIANO.



DON RUA IMPARTIENDO SU BENDICIÓN



DON RINALDI Y EL PEQUEÑO EGIDIO VIGANO(SUCESORES DE DON BOSCO, TERCERO Y SEPTIMO)



DON ZIGGIOTTI (QUINTO SUCESOR DE DON BOSCO)



DON EGIDIO VIGANO (SEPTIMO SUCESOR DE DON BOSCO) CON MADRE TERESA



DON FRANCESIA Y DON LEMOYNE



LUIS VARIARA (MISIONERO SALESIANO)





FELIZ FIESTA A TODOS Y BENDICIONES.

Novena a Don Bosco, 9 día.

AMOR DE SAN JUAN BOSCO A JESÚS SACRAMENTADO.


De entre las obras de Dios, hay dos que son las más insignes y que mas pasman los juicios de los hombres, y son tan excelentes que, hablando de ellas, el profeta Isaías las llama invenciones de Dios.

La primera fue la encarnación, con la que Dios se unió a nuestra naturaleza, con un nudo tan estrecho, que en una persona quedaron Dios y hombre.

La otra invención de Dios, propia únicamente de su infinito amor,fue la institución del Santísimo Sacramento.

En la primera quedó la naturaleza humana unida con Dios; en esta segunda, Dios hombre se une con nosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre estará en mi y yo en el, dice el Señor. Esta obra es maravillosa recopilación de todas las maravillas.

Quiso que fuésemos el templo y el relicario donde estuviese y se depositase su sacratísima humanidad para ser el alimento y vida de nuestra alma y prenda de nuestra futura resurrección.

A San Juan Bosco se le puede llamar el apóstol de la Eucaristía; difícilmente se podrá encontrar quien en esto lo supere.

Desde niño lo previno la divina providencia.

Siendo pastorcillo de pocos años, solía levantarse cada Domingo muy temprano y cruzando prados y bosques iba al lejano pueblo de Moncucco, para allí reconciliarse y recibir la santa comunión.

Mas tarde, estando en el seminario de Chieri, sus compañeros seminaristas apenas si solían comulgar cada Domingo y en las grandes solemnidades; mas el joven Bosco casi fraudulentamente, comulgaba todos los días en la iglesia contigua al seminario, no reparando en que para poder comulgar se veía obligado a sacrificar su desayuno y a no probar bocado hasta las doce del día.

Parecíale no poder vivir sin la comunión.

Después de ordenado sacerdote, su arma más poderosa para combatir al demonio y hacer santos a sus discípulos, fue la comunión frecuente.

Proclamaba siempre muy alto y por doquiera que suprimir de la educación la confesión y la comunión frecuentes, es desterrar la moralidad, y que no puede haber sólida virtud, si no está apoyada y robustecida por la frecuente comunión.

Así como el maná, escribe San Juan Bosco en su áureo devocionario “el joven instruido”, sirvió de alimento diario a los hebreos, durante todo el tiempo que estuvieron en el desierto hasta el día que entraron en la tierra de promisión, así la santa comunión debería ser nuestro sostén, nuestro pan cotidiano, en medio de los peligros que nos rodean en este mundo, hasta que consigamos la verdadera tierra prometida del paraíso.

No solo es San Juan Bosco el apóstol de la comunión diaria, sino que lo es también de las visitas frecuentes de Jesús Sacramentado.

Decía a los jóvenes:

“¿Queréis que Jesús Sacramentado os conceda muchas gracias?

Visitadlo a menudo.

¿Queréis que os conceda pocas?

Visitadlo pocas veces

¿Queréis que el demonio los asalte?

Haced pocas visitas

¿Queréis que huya de vosotros?

Visitad con frecuencia a Jesús.

¿Queréis ser vencidos?

Dejad de visitar a Jesús.

Hijos míos, la visita a Jesús Sacramentado es un medio muy necesario para vencer al demonio. Por tanto, id con frecuencia a visitar a Jesús y Jamás seréis vencidos por vuestro enemigo”.

Sea pues la Eucaristía el horno donde se inflame nuestro amor a Jesucristo; todo lo podremos, se allanarán todos los obstáculos, si amamos a Jesús Sacramentado; y si somos educadores, haremos reinar a Jesucristo en el corazón de la juventud y aumentaremos el número de sus ministros dando a la iglesia numerosas vocaciones.

PRODIGIOSA CURACIÓN

Sor María Josefa de Massini, hacia nueve años que sufría algunos dolores de estómago, al cabo de los cuales degeneraron en una úlcera tan grave y acompañada de tal postración de fuerzas, que los dos médicos que la asistían no creyeron prudente someterla a una operación quirúrgica.

Todos los remedios humanos resultaron impotentes hasta para traer algún alivio a la enferma.

No quedaba mas recurso que un milagro, y esto fue lo que intentó sor Maria Josefa, llena de fe en la protección de San Juan Bosco de quien era muy devota, empezó pues y terminó una novena: pero sin ningún resultado, el mal se agravaba por momentos; agudos dolores la atormentaban continuamente.

Con todo, no decayó su confianza en Don Bosco; Consiguió una reliquia del santo y empezó una segunda novena.

Al quinto día se le apareció en sueños un venerable sacerdote que le dijo:

“Yo soy Don Bosco y he venido para concederte la gracia que me has pedido, en conformidad con la voluntad de Dios; ten fe y paciencia en sufrir unos pocos días; el domingo te concederé la gracia”.

Al día Siguiente, como quisiesen administrarle a extremaunción, contó el sueño que había tenido y suplicó se la difiriesen hasta el domingo.

Toda la comunidad se unió a las oraciones de la enferma, empezando un triduo a Don Bosco.

En la noche del penúltimo día de la novena, vino de nuevo Don Bosco a consolar a su devota; llevaba sobre el brazo la túnica que las religiosas de aquel convento acostumbraban vestirse los días de fiesta, y la puso sobre el lecho diciéndole:

“Solo te queda un día de sufrimiento, después curarás.
Le dirás a tu confesor que pasado mañana (domingo) te mande levantar con estas palabras “En Nombre de Don Bosco levántate que estás curada””.


Llego el tan suspirado domingo y la enferma se encontraba, si cabe, peor; aquella vida se iba extinguiendo por momentos; todo estaba dispuesto para administrarle la extremaunción. Antes de proceder a ello el confesor le dijo:

- ¿Por que no prueba a levantarse en nombre de Don Bosco?

No tengo fuerzas

– contestó la enferma.

– Y si yo le dijese ¿Levántese por obediencia en nombre de Don Bosco?

– Al pronunciar su confesor estas palabras (refiere la enferma), sentí un súbito estremecimiento de Todo mi ser, pude mover mis miembros y desaparecieron todos mis dolores.

En un momento, sentí que volvía de la muerte a la vida. Estaba completamente curada. Las escenas que a esto sucedieron no son para describirlas.

ORACION

¡Oh bienaventurado Don Bosco! Por el ardiente amor que tuviste a Jesús Sacramentado y por el celo con que propagaste su culto, sobre todo con la asistencia a la santa misa, con la comunión frecuente y con la visita cotidiana, alcánzanos la gracia de crecer mas y más en el amor, y practica de santas devociones y de terminar nuestros días fortalecidos por el celestial alimento de la divina eucaristía.

Así Sea.
Padre nuestro, avemaría y gloria al padre…
San Juan Bosco Rogad por nosotros.