miércoles, 9 de febrero de 2011

Beata Eusebia Palomino Yenes (1899-1935)

yenes Fue beatificada por Juan Pablo II el 25 de abril de 2004.

Eusebia Palomino Yenes vio la luz en el crepúsculo del siglo XIX – el 15 de diciembre de 1899 – en Cantalpino, pequeño pueblo de la provincia de Salamanca (España) en una familia tan rica de fe como escasa de medios económicos.

Agustín, el padre, que todos recuerdan por su aspecto humilde, hombre de gran bondad y dulzura, trabaja como bracero temporal al servicio de los propietarios terratenientes de los alrededores y su madre Juana Yenes atiende la casa con los cuatro hijos.

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Cuando en el invierno el campo reposa y el trabajo falta, el pan escasea. Entonces el padre se ve obligado a pedir ayuda a la caridad de otros pobres en los pueblos de la zona.

Algunas veces lo acompaña la pequeña Eusebia de apenas siete años, que ignorante de lo que cuestan algunas humillaciones, disfruta con aquellas caminatas por los senderos del campo y alegremente corretea y salta junto a su padre que le hace admirar la belleza de la creación, y la luminosidad del paisaje de Castilla dándole algunas catequesis que le encantan.

Cuando llegan a los pueblos, sonríe a las personas buenas que lo acogen y pide «un poco de pan por amor de Dios».


El primer encuentro con Jesús Eucaristía a la edad de ocho años da a la niña una sorprendente percepción del significado de pertenecer y de ofrecerse totalmente al Señor como don.
Muy pronto tiene que dejar la escuela para ayudar a la familia y después de haber dado prueba de una madurez precoz en cuidar - aún siendo niña – a niños de algunas familias del pueblo mientras los padres van a trabajar. A los doce años va a Salamanca con su hermana mayor y se pone a servir como niñera.

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Los domingos por la tarde va al oratorio festivo de las Hijas de Maria Auxiliadora, allí conoce a las hermanas, que deciden pedirle su colaboración para ayudar a la comunidad. Eusebia acepta con mucho gusto y enseguida se pone manos a la obra: ayuda en la cocina, acarrea la leña, ayuda en la limpieza de la casa, tiende la ropa en el patio grande, va a acompañar al grupo de las estudiantes a la escuela estatal y hace los mandados en la ciudad.


El deseo secreto de Eusebia, de consagrarse por entero al Señor, enciende y nutre cada vez más sus actos y su oración. Dice: «Si cumplo con diligencia mis deberes tendré contenta a la Virgen Maria y podré un día ser su hija en el Instituto». No se atreve a pedirlo, por su pobreza y falta de instrucción, no se cree digna de tal gracia: porque piensa, ¡es una congregación tan grande!.

La Superiora visitadora, con la que ella se confía, la acoge con bondad materna y le asegura: «No te preocupes de nada» y con gusto decide admitirla en nombre de la Madre General.


El 5 de Agosto empieza el Noviciado en preparación a la profesión. Se alternan horas de estudio de oración y de trabajo que constituye la jornada de Eusebia que la hacen plenamente feliz. Después de dos años – 1924 – se consagra totalmente al Señor con los votos religiosos que la vinculan mucho más a él.


Es destinada a la casa de Valverde del Camino una pequeña ciudad que en aquella época cuenta con 9.000 habitantes, está situada al extremo sudoeste de España, en la zona minera de Andalucía en los confines con Portugal. Las niñas del colegio y del oratorio, en el primer encuentro se quedan mas bien desilusionadas, la Hermana nueva tiene un aspectos más bien insignificante, pequeña y pálida, no es bonita, con las manos gruesas y además un nombre feo.

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A la mañana siguiente, la pequeña Hermana está ya en su lugar de trabajo: un trabajo variado que la ocupa en la cocina, en la portería, en la ropería, en el cuidado del pequeño huerto y en la asistencia a las niñas del oratorio festivo. Es feliz de “estar en la casa del Señor por todos los días de su vida”.

Es esta la situación “real”, por la que se siente honrado su espíritu, que habita las esferas más altas del amor.
Las pequeñas se sienten pronto atraídas por las narraciones de hechos misioneros, vidas de santos, episodios de la devoción mariana, o anécdotas de Don Bosco, que recuerda gracias a una feliz memoria y sabe hacerlas atractivas por su convencimiento y su fe sencilla.

Todo en Sor Eusebia, refleja el amor de Dios y el fuerte deseo de hacerlo amar. Sus jornadas de trabajo son una transparencia continua y lo confirman sus temas predilectos de conversación: el amor de Jesús a todos los hombres que ha salvado con su Pasión. Las Llagas santas de Jesús son el libro que Sor Eusebia lee todos los días y del cual saca apuntes de didascalia a través de un sencillo “rosario” que aconseja a todos, también lo hace a través de las cartas, se hace apóstol de la devoción al Amor misericordioso según las revelaciones de Jesús a la religiosa lituana – hoy santa – Faustyna Kowalska, divulgadas en España por el Padre dominico Juan Arintero.


El otro “polo” de la piedad vivida y de la catequesis de Sor Eusebia es la “verdadera devoción mariana” de San Luis Maria Grignion de Montfort. Esta será el alma y el arma del apostolado de Sor Eusebia durante su breve existencia: los destinatarios serán las niñas, los jóvenes, las madres de familia, los seminaristas los sacerdotes. «Quizá no haya párroco en toda España – se dice en los procesos – que no haya recibido una carta de Sor Eusebia a propósito de la esclavitud mariana»
Cuando, a principio de los años 30, España se está preparando a la revolución por la rabia de los sin-Dios votados para el exterminio de la religión, Sor Eusebia no duda en llevar hasta el extremo aquel principio de “disponibilidad”, pronta literalmente, a despojarse de todo. Se ofrece al Señor como víctima para la salvación de España, para la libertad de la religión.


Dios acepta la víctima. En agosto de 1932 un mal improviso es el primer aviso. Después el asma que en diversos momentos ya la había molestado, ahora llega a niveles extremos de intolerancia, se agrava con otros males que van apareciendo y atentan contra su vida.
En este tiempo, visiones de sangre afligen a Sor Eusebia aún más que los dolores físicos.

El 4 de octubre de 1934, mientras algunas hermanas rezaban con ella en el lugar del sacrificio, interrumpe y empalidece diciendo: «rezad mucho por Cataluña». Es el principio de la sublevación operaria de Asturias y de la catalana en Barcelona (4-15 octubre 1934) que se llamarán «anticipo revelador». Visión de sangre también para su querida directora Sor Carmen Moreno Benítez, que será fusilada con otra hermana el 6 de septiembre de 1936: actualmente ha sido declarada beata, después del reconocimiento del martirio.


En tanto la enfermedad de Sor Eusebia se agrava: el médico que la asiste admite de no saber definir la enfermedad que, unida al asma le acartona todos los miembros convirtiéndola en un ovillo. Quien la visita siente la fuerza moral y la luz de santidad que irradian aquellos pobres miembros doloridos, dejando absolutamente intacta la lucidez del pensamiento, la delicadeza de los sentimientos y la gentileza del trato. A las hermanas que la asisten les promete: «Daré mis vueltecitas».


En el corazón de la noche entre el 9 y el 10 de febrero de 1935 Sor Eusebia parece dormir serenamente. Durante todo el día los restos mortales adornados con muchísimas flores, son visitados por toda la población de Valverde.
Todos repiten la misma expresión: «Ha muerto una santa»

La Dirección Espiritual

Es cuestión de humildad.

Para la edificación de una vida cristiana perfecta el fundamento indudable es la humildad. Por eso, cuando un religioso sigue camino de perfección, sujetándose a las reglas de una determinada Orden religiosa, obligándose a ellas con votos, y sujetándose a la obediencia de unos superiores, lo hace porque es consciente de la debilidad de su carne, y para neutralizar las grandes fuerzas contrarias del mundo y del demonio; es decir, profesa la vida religiosa fundamentalmente movido por una gran humildad. Sin esa humildad, no aceptaría el religioso sujetar su vida a tantos vínculos. No lo creería necesario para aspirar realmente a la perfección.

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Por eso, las Iglesias locales más humildes florecen en numerosas vocaciones religiosas, mientras que en las más soberbias se dará necesariamente una escasez extrema de tales vocaciones.

De modo semejante, en la búsqueda de la perfección cristiana, necesita el laico cristiano una gran humildad para sujetarse, incluso con ciertos vínculos obligatorios, a una determinada regla de vida personal o comunitaria, y a la guía de un director. Sin esta gran humildad fundamental, los cristianos procurarán tender hacia la santidad «por libre»: sin camino, a campo traviesa; sin ningún tipo de votos, impulsando uno a uno cada acto cada día; solo, sin compañeros de camino; sin guías, sin un superior o un director espiritual.

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Sin embargo, no ignoremos que, efectivamente, hay personas a las que así lleva Dios hacia la perfección, sin reglas, sin votos, sin directores, en esa situación tan pobre de ayudas. Esto es indudable. Pero pongamos también cuidado en saber que muchas veces quiere Dios conducir a aquellos cristianos que tienden fuertemente hacia la santidad más plena con ciertas reglas y votos, y con directores. Así lo ha enseñado la Iglesia reiteradamente, como veremos.

Reglas y votos: es cuestión de humildad. ¿Y dirección espiritual? Más humildad aún, si cabe.

«Esto tiene el alma humilde -dice San Juan de la Cruz-: que no se atreve a tratar a solas con Dios, ni se puede acabar de satisfacer, sin gobierno y consejo humano» (2 Subida 22,11).

Ya desde antiguo, ha sido convicción unánime en la Iglesia que la búsqueda de la perfección evangélica debe hacerse, si es posible, procurando la ayuda de un maestro espiritual.

La primera dirección espiritual que conocemos, en cierto modo institucionalizada, es la que se desarrolla en el monacato primitivo. Ya entonces por la dirección espiritual se busca en una persona idónea no sólamente instrucción, consejo y estímulo hacia la perfección, sino también, y casi más todavía, una guía que ayude a salir del propio juicio y voluntad. En efecto, el que busca la santidad teme más que nada verse «abandonado a los deseos del propio corazón» (Rm 1,24), y precisamente por eso procura sujetarse a la guía del director, un sacerdote, ministro del Señor, un senior, un abba, un anciano, un hombre experto en los caminos del Espíritu, a quien toma por conductor espiritual.

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Y este planteamiento, con modos y matices diversos -válido, por supuesto, también para los laicos-, se ha mantenido vigente en la búsqueda de la perfección cristiana hasta nuestros días.

Con tanta escasez de sacerdotes y con tantas necesidades pastorales apremiantes, fácilmente la dirección espiritual viene a considerarse como un lujo más bien superfluo, dentro del conjunto de los ministerios pastorales. Y eso un error muy grave. Jesucristo sólamente disponía de tres años para llevar adelante Él solo la obra entera de la implantación del Reino de Dios sobre la tierra. Y, sin embargo, sabemos que siempre distribuyó su actividad en círculos concéntricos -la muchedumbre, los setenta, los doce, los tres: Pedro, Santiago y Juan-, y que se entregó a formar a estos pocos con una dedicación muy especial de atención y de tiempo. Así nos consta por los Evangelios.

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Cualidades del director.

A los sacerdotes, generalmente, corresponde el ministerio pastoral de la dirección espiritual, pues por el sacramento del Orden, Dios los ha ungido y confortado especialmente para que, «en persona de Cristo Cabeza», puedan enseñar, guiar y santificar a los fieles (Vat.II, PO 2c). Pero también es cierto que a veces confiere el Señor este mismo carisma a religiosos no ordenados (el hermano jesuita San Alonso Rodríguez, portero en Mallorca de la casa de estudios de la Compañía, fue director de San Pedro Claver), a religiosas (maestras de novicias, como Santa Teresita), o a otros cristianos (como la terciaria Santa Catalina de Siena).

En todo caso, sean sacerdotes, religiosos o laicos, los directores espirituales necesitan tener ciertos dones naturales y espirituales, como es obvio, pues «si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en el hoyo» (Mt 15,14). Por eso San Juan de la Cruz recomienda con tanto empeño al que va a tomar director espiritual «mirar en qué manos se pone, porque cual fuere el maestro, tal será el discípulo» (Llama 3,30-31).

Estas cualidades son:

  1. CIENCIA
  2. EXPERIENCIA
  3. ORACION
  4. DISCERNIMIENTO ADQUIRIDO Y CARISMATICO
  5. COMUNICAR LA PROPIA VIDA
  6. GUARDAR LA LIBERTAD DEL CRISTIANO EN LA DOCILIDAD AL ESPITITU SANTO

Actitudes principales del dirigido:

  1. VOLUNTAD FIRME DE SANTIDAD
  2. ESPIRITU DE FE PARA VER A CRISTO EN EL DIRECTOR
  3. SINCERIDAD
  4. OBEDIENCIA

Los jóvenes necesitan de esta experiencia cuando buscan en su vida el encuentro con Jesús a través de su vocación y de su proceso de formación.

Y no se deben de confundir puesto que una cosa es el acompañamiento espiritual y otra cosa es la dirección espiritual .

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La dirección incluye el acompañamiento, pero es bastante más que éste. En efecto, la dirección espiritual, en su sentido pleno y estricto, nace de una gracia especial de Dios, por la cual el cristiano se siente inclinado en conciencia a dejarse instruir y guiar por otra persona. El documento, por ejemplo, que he citado de León XIII, dice que en la dirección espiritual se da un cierto magisterio externo («quodam externi magisterii adiumento»), que Dios providente establece en favor de aquéllos que Él llama a un más alto grado de perfección, para que sean guiados por otros hombres («per homines perducendos constituit»).

San Francisco de Sales, en efecto, recomienda mucho a los laicos la dirección espiritual. En su Introducción a la vida devota, dedicada a la santificación de los seglares, tiene un precioso capítulo «de la necesidad de un conductor para entrar y hacer progreso en la devoción»:

«¿Quieres con más seguridad caminar a la devoción? Busca algún hombre virtuoso que te adiestre y guíe... Jamás hallarás tan seguramente la voluntad de Dios como por el camino de esta humilde obediencia, practicada y estimada en tanto por todos los antiguos devotos... Más ¿quién hallará este amigo? Los humildes, los que de verdad desean el crecimiento espiritual... Ruega, pues, a Dios con toda tu alma para que te dé un guía que sea según su corazón... Pondrás en él una gran confianza, mezclada de una sagrada reverencia, de suerte que la reverencia no disminuya la confianza y que la confianza no estorbe la reverencia. Confía en él con el respeto de una doncella para con sus padres, y respétale con la confianza de un hijo para con su madre. Esta amistad, en fin, ha de ser firme y dulce, santa, sagrada, divina y espiritual... Pídele a Dios [un guía], y habiéndole hallado, persevera con él, dando gracias a su divina Majestad, y no buscando otras novedades, sino irte siempre por el camino que tu guía te muestra, simple, humilde y confiadamente; y con esto harás un dichoso viaje» (I p., cp.4).

martes, 8 de febrero de 2011

Mensaje del Rector Mayor al MJS 2011

pascualchavezRMS Queridos jóvenes:

Os saludo y os confío mi inmensa alegría al enviaros este mensaje. Son palabras y sentimientos que reúno ante el Señor Jesús, Buen Pastor. A su corazón misericordioso le pido que ilumine vuestra mente, encienda vuestro corazón y llene de sentido y dinamismo vuestra vida.

Todos los días os llevo en el corazón y ruego incesantemente por vosotros; sí, pido por vosotros, porque mantenerme unido a Cristo y entregarme totalmente a vosotros es la orientación profunda de mi vida. En este sentido pido siempre por vosotros y cuando, al visitar las casas salesianas extendidas en el mundo, encuentro vuestros rostros, me alegro y bendigo al Señor. En vuestros ojos luminosos y alegres leo un gran deseo de vivir y un sueño oculto de hacer de vuestra vida algo hermoso. Naturalmente os planteáis la pregunta: ¿qué hacer y cómo hacerlo? Me inquieta que muchos de vosotros estéis todavía inciertos y confusos; y sé muy bien que no esperáis desde luego nada de teorías y programas.

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Para responder a vuestra pregunta, entonces, no puedo sino hablaros con el corazón de nuestro padre Don Bosco. Es él el que ahora os habla a través de mí, es él que el que toma a su cuidado vuestra vida presente y la futura, porque os quiere felices en esta tierra y para siempre.

Querría haceros conocer, queridos Jóvenes, lo que me ha hecho entender, de manera cada vez más profunda, el sentido de mi vida. Esto, para mí, ha surgido y ha encontrado su desarrollo a través del encuentro con una persona “viva”.

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Ésta fue para mí, ante todo, mi madre Margarita. Cuando contemplábamos juntos un bonito campo de trigo maduro, ella me decía: «Demos gracias al Señor, Juanito. Él ha sido bueno con nosotros. Nos ha dado el pan de cada día». Después de haberle contado el sueño que iba a marcar mi vida, con la intuición que sólo el corazón de una madre puede descubrir, exclamó: «Quien sabe si no llegarás a ser sacerdote». Palabras sencillas, que me hacían entender que Dios había soñado conmigo, que Dios tenía para mí un sueño que realizar, un designio, un proyecto maravilloso, una historia de amor que misteriosa y silenciosamente iba tejiendo dentro de mí: entregar mi vida a los jóvenes, para ellos y con ellos. Todo esto me hacía soñar en grande.

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El sentido religioso de la vida me lo enseñaba mi madre no sólo con palabras, sino también y sobre todo con sus ejemplos, como, cuando despertada por los vecinos en medio de la noche, para atender a un enfermo grave, se levantaba y echando a correr iba a prestarle su ayuda. La misma prontitud y el mismo amor mostraba cuando al mendigo que llamaba a la puerta, no le negaba nunca un pedazo de pan o una sopa caliente.

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Aprendí de ese modo que no basta con soñar, sino que hace falta pagar un precio para que los sueños se hagan realidad. De ella aprendí los gestos de la religiosidad sencilla, la costumbre de la oración, del cumplimiento del deber, del sacrificio. Su presencia amorosa me recordaba que la vida es el don más precioso que Dios nos ha hecho y que debemos devolvérsela cargada de frutos y de buenas obras.

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A lo largo de mi vida, sobre todo cuando tenía que tomar decisiones importantes, encontré a otras personas, iluminadas por el Espíritu, que me ayudaron a comprender que la vida es vocación y compromiso de entrega, y me guiaron en la escucha de la llamada del Señor y en la acogida de la misión que Él me confiaba. Esta experiencia personal me convenció con fuerza de la importancia, para los jóvenes, de encontrar un ambiente donde se respiran y se viven los grandes valores humanos y cristianos, así como la importancia de encontrar adultos seguros, guías espirituales capaces de encarnar los valores que proclaman, presentándose como testigos creíbles y modelos de vida. En el oratorio de Valdocco el clima de familia que yo había creado no era el de un invernadero cálido, de un nido, donde los tímidos y los frioleros pudiesen sentirse a gusto sin desprenderse de su visión pusilánime de la vida. ¡No! Valdocco era un laboratorio donde se elaboraba cultura vocacional. Yo guiaba a mis jóvenes hacia su maduración real de hombres y de cristianos según el Espíritu de libertad del evangelio, haciendo que se convirtiesen en “personas-para-los-otros”.

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Las vigorosas personalidades crecidas en Valdocco son la prueba: desde Domingo Savio y Miguel Magone hasta los pioneros misioneros: Cagliero, Lasagna, Costamagna, Fagnano; y después Rua, Albera y Rinaldi, mis primeros sucesores, y tantas otras figuras de alto relieve, sacerdotes y salesianos coadjutores, religiosos y laicos comprometidos en la sociedad y en la Iglesia. Se respiraba un aire vocacional, un deseo de hacer de la vida un gran regalo a la Iglesia y a la sociedad. Después de mí muchos otros salesianos y laicos de la Familia Salesiana hicieron esta misma experiencia en sus casas.

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También vosotros, jóvenes, podéis encontrar personas de referencia en la familia o en el ambiente que os rodea. Hay personas estupendas, ricas humanamente y capaces de vivir y testimoniar una profunda espiritualidad. Podéis mirarlas como modelos concretos para vuestra vida. Son sacerdotes, personas consagradas, laicos y laicas que viven con alegría la plenitud del bautismo. Guiados por el Espíritu y a la escucha de la Palabra de Dios, han sido capaces de desarrollar su vida cristiana hasta hacer tomar decisiones de vida valientes y comprometidas. Se han convertido de ese modo en testigos auténticos de Cristo en la Iglesia y en la sociedad.

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Esas personas son, para vosotros, un poco como Juan Bautista, testigos y mediadores del encuentro con Jesús. El Bautista, en efecto, señaló a Jesús de Nazaret a sus discípulos como el que podía satisfacer los deseos más profundos de su corazón, el que podía llenar de sentido y de alegría su vida, él que era verdaderamente “el camino, la verdad y la vida”. Los testigos de hoy, los que encontramos en nuestro camino, son “nuestros Juan Bautista”. ¡Los que, una vez más, nos señalan al Señor de la Vida!

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Sucede de ese modo que no sólo el camino de los creyentes, sino la vida de cada hombre se cruza en un momento determinado con el rostro y la mirada de Jesús y ese encuentro puede ser decisivo. Desde el encuentro con Jesús de aquellos primeros discípulos hasta hoy, la invitación ha “conquistado” a muchos jóvenes, hombres y mujeres. «Hemos encontrado al Mesías» testimoniará Andrés a su hermano Simón. «Hemos encontrado a aquel del que escribieron Moisés y los profetas, Jesús de Nazaret», confesará Felipe a Natanael. «¿Con quién iremos? Sólo Tú tienes palabras de vida eterna» le dirá Pedro. Para todos fue, es y será un encuentro que marca toda la vida. Uno de los discípulos de Juan llega a recordar el instante preciso del encuentro con Jesús: «Eran sobre la cuatro de la tarde».

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No podéis resignaros a vivir vuestra vida como si fuese un simple ciclo biológico (nacer, crecer, reproducirse y morir); no podéis plantear vuestra existencia como una vida carente de energía, anémica, sin pasión en lo que se refiere a Dios y al prójimo. No podéis malgastar vuestra vida rebajándoos al papel de consumidores y espectadores. Vosotros estáis llamados a ser protagonistas en la sociedad y en la Iglesia: «Vosotros sois la sal de la tierra y la luz del mundo», diría Jesús.

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La decisión de seguir a Jesús de modo radical se juega totalmente en la apuesta de poderse enamorar de Dios y consumirse por el hombre, especialmente el más pobre y abandonado.

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¡Sí, queridos jóvenes! “Hoy” Dios tiene necesidad de vosotros para “rehacer” el mundo. Todo hombre, toda mujer tiene un sueño por el que vive y del que habla Yo, movido por el Espíritu de Jesús, he cultivado siempre y todavía hoy cultivo mi sueño: un gran movimiento de adultos y jóvenes que sea profecía de este nuevo mundo. Un mundo en el que cada hombre pueda obtener justicia.

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Un mundo en cuyo centro estén los “pequeños”, los últimos. Un mundo en el que las personas sean entre sí hermanos y hermanas. Este nuevo mundo puede tomar forma, hacerse real, si seguís a Jesús, si tomáis de corazón sus palabras y realizáis así el sueño de Dios.

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Todos juntos podemos dar vida a un gran Movimiento salesiano dirigido a ayudar a los jóvenes, sobre todo los más pobres y en dificultad, proyectando el presente y el futuro, apuntando a objetivos importantes para la renovación de nosotros mismos y de los demás, contribuyendo de manera determinante en el cambio del mundo y de la historia. La Familia Salesiana quiere asumir este compromiso como una vocación y una misión especial. Y vosotros, queridos jóvenes, en esta Familia tenéis que sentiros como en vuestra propia casa, sabiendo que sois la alegría y el fruto más maduro de nuestro trabajo.

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En la Iglesia y en la Familia Salesiana hay diferentes vocaciones, pero la obra educadora y evangelizadora, a la que estamos llamados, ahonda siempre sus raíces en la profundidad y en la ternura del amor de Dios, llega a nosotros a través del amor de entrega de Cristo y se transmite a la humanidad a través de la entrega total a otros hombres y mujeres.

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La vocación no es nunca una fuga de una realidad hostil, percibida como difícil o desalentadora, ni tampoco una opción que tenga como primer objetivo la eficacia apostólica, sino que es más bien un camino da amor que lleva hacia el Amor.

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Y de la experiencia fundamental de un amor que se ofrece como único y exclusivo, brota un modo nuevo de ver y afrontar la realidad. El corazón purificado por la entrega a Dios y por el Espíritu Santo, se hace capaz de leer la belleza interior de cada criatura y de amarla desinteresadamente. Es la misericordia misma de Dios la que se adueña del corazón humano y cura todo dolor, toda debilidad.

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Yo pido por vosotros, queridos jóvenes, para que también hoy muchos de vosotros se dejen seducir, fascinar por Dios hasta entregarse totalmente a Él. Si os ponéis al servicio del Amor no os faltarán alegrías profundas. Son las alegrías de la fecundidad que viene de la intimidad con Dios y de la fatiga del obrero que vive sólo para la causa del Reino.

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Pido también por mis queridos hijos, los Salesianos, para que puedan vivir con alegría y fidelidad la gran aventura de la paternidad espiritual. Que puedan ser vuestros guías competentes en la búsqueda de sentido y en la elaboración de vuestro proyecto de vida; hermanos sinceros que se hacen compañeros vuestros de viaje y os repartan la Palabra de Dios que da vida, ilumina, robustece en el fatigoso camino. La Palabra que abre a la oración y enciende el fuego secreto que llevamos en el corazón.

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Sin esta capacidad contemplativa nuestra vida espiritual y apostólica no se sostiene. Sed, queridos Salesianos, guías lucidos para los que piden una dirección espiritual y que practican la vida sacramental y eclesial; maestros sabios y pacientes para el que se entrega a la búsqueda de la propia vocación.

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Pido, especialmente, que el Espíritu Santo suscite obreros celosos, creativos, capaces de ir al encuentro de todos esos jóvenes que hoy no llaman ya a la puerta de la Iglesia. Se trata de jóvenes que, en su camino hacia la estrella, querrían encontrar a los magos más que a los escribas de Jerusalén; jóvenes que no nos preguntan todavía qué hay que creer, sino más bien que significa creer. Para todo esto es necesario un verdadero cambio de perspectiva pastoral.

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Queridísimos Jóvenes y amadísimos Salesianos, pongamos bajo la mirada materna de María nuestra vida como vocación y nuestra misión educativa. María fue Quien se hizo discípula del Señor, en escucha continua, en el corazón y en la vida, de la Palabra de Dios. Fue Ella la que respondió a la llamada de Dios con la entrega total, valiente y libre, de sí misma: «He aquí la sierva del Señor». De Ella, mujer nueva, maestra de fe y de estupor, la Familia Salesiana aprende a ser discípula del Señor y “Madre”, que, en el amor, engendra y educa a los jóvenes a la entrega generosa de su vida para alcanzar la plenitud.

Turín, 31 de enero de 2011

FIRMA DON BOSCO 

Sac. Juan Bosco

lunes, 31 de enero de 2011

FIESTA DE DON BOSCO

En el año 1815 apareció un nuevo astro destinado a irradiar una luz benéfica para toda la humanidad: JUANITO BOSCO!!!


Nació de una familia humilde el 16 de Agosto de 1815 en un pueblito "Y Becchi... en Castelnuovo d'Asti (ahora Castelnuovo Don Bosco). Su santa madre "mamá Margarita" fue educándolo a la fe protegiéndolo de la prepotencia de su hermano mayor Antonio, que no quería que él estudiara...

El niño quedó huérfano por la muerte del padre, pero bajo el cuidado de la madre, fue creciendo en edad y en gracia como el niño Jesús, lleno de ansia de santidad y de apostolado.

Pequeñito ejercía la tarea de catequista en medio de los compañeritos, que reunía frente a la Iglesia transmitiéndoles lo que le enseñaba la mamá o lo que aprendía en los sermones del Párroco, y también divirtiéndolos con sus capacidades de pequeño saltimbanqui y de mago. Dotado de grande inteligencia, fue creciendo en el estudio: siendo pobre, fue alternando el estudio con el trabajo, para costearse los libros. Fue empleado en distintas actividades.

Tiene grande importancia el Sueño-Visión a los 9 años...
Vio un campo lleno de animales feroces, que al rato se transformaron en corderitos. Vio un campo lleno de niños y muchachos, que peleaban, blasfemaban... Indignado Juanito empezó a darles patadas y golpes a derecha y a izquierda. Pero el personaje que apareció lo paró de inmediato diciéndole:.." Juanito, no con golpes, sino con la bondad y la mansedumbre puedes transformar a estos niños y jóvenes en corderitos...". Juanito lloró, no sabiendo cómo hacer.

El Personaje le dijo: "...Juanito, yo te daré la la guía y la maestra"...

En el momento le apareció la Virgen vestida de blanco y de azul... Terminó el sueño: Juanito comprendió la misión a la cual lo destinaba Dios: salvar a la juventud... La Virgen Auxiliadora fue acompañándolo en la adolescencia hasta entrar al seminario de Chieri, hasta el sacerdocio (año 1840).

8 de Diciembre de 1841: se preparaba Don Bosco a rezar la Misa en la Iglesia de San Francisco de Asís. Un chico de 14 años (Bartolomé Garelli) estaba a la puerta de la sacristía mirando. El sacristán lo invitó a ayudar la santa Misa...El chico se excusa por no saber... el sacristán indignado fue a golpearlo con la caña de encender las velas y aquél se escapó. Don Bosco, que vio todo esto se entristeció y dijo.: "Qué has hecho!! es mi amigo...llámalo".... El niño lleno de miedo, regresó y Don Bosco lo trató con mucho cariño y le hizo muchas preguntas. Las respuestas fueron todas negativas: Era un pobre huérfano, no tenía casa, dormía detrás de la puerta de alguna iglesia o bajo los pórticos de Turín, y no sabía nada de religión... Don Bosco lo invitó a rezar con él una Ave María y lo invitó a volver con muchos otros compañeros. En ese momento nació la Obra del Oratorio.



Don Bosco no tenía lugar para el Oratorio y fue juntando a los chicos en cualquier terreno baldío de las afueras de Turín... Cada domingo era un problema por las protestas de los vecinos, que acudían a la policía. Pero un día se le presentó un enviado del Sr. Pirando, que le propuso la venta a buen precio de un tinglado.... Don Bosco lo compró en cuotas. Fue así la "Casa Pinardi"el primer oratorio estable, que fue creciendo de manera milagrosa hasta ser la casa madre de los salesianos con un complejo de grandes construcciones.



La Basílica de María Auxiliadora en Turín fue el monumento material de la gratitud de Don Bosco a la Virgen que "lo había hecho todo..." La construcción de ese maravilloso templo fue milagrosa. Cuando el constructor suspendió los trabajos por falta de pago, Don Bosco quiso pagarle: "Abra las manos...."....Don Bosco arrojó en las manos todo el dinero del monedero (0,40 centavos de aquellos). El constructor se puso pálido...."Esto, " dijo el santo "es lo que puede pagar el pobre Don Bosco, pero pronto lo hará la Virgen y mandará dinero no sólo para la construcción del templo, sino también mandará dinero para la construcción de un gran edificio, para niños pobres"..... y comenzaron los milagros.



Don Bosco quiso agradecer a la Virgen también con un monumento de piedras vivas, fundando con Santa María Dominga Mazzarello el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, la rama femenina de la Obra de Don Bosco.

Don Bosco fue un predestinado, figura de primer plano en la historia de la Iglesia y de la humanidad. Supo realizar una obra religiosa social de gran envergadura y con visión de futuro y sigue creciendo como árbol gigantesco, cuyas ramas se extienden en 124 países de los 5 continentes.



" Dotado de extraordinario talento y fina distinción, pudo ser un gran orador, un gran historiador, un gran estadista:... pudo ser... lo que se hubiera propuesto. Pero se quedó en ser...lo que Dios quiso que fuera:...el hombre que supo amar a todos y hacerse amar por todos...."
(Mons. M. Olaechea s.d.b. - Arzobispo de Valencia)

"Don Bosco es un hombre providencial. En toda su obra se descubre la mano de Dios"
(Papa León XIII)

"...un gigante de enormes brazos que ha logrado abrazar al mundo entero..."
(Cardenal Nina a León XIII)

"Don Bosco es un gigante de santidad. Conviví algunos días con él en los ya lejanos días de mi juventud, desde entonces supe que era Santo..."
(Pio XI)

"Cuando pienso en la obra de Don Bosco, pienso en la multiplicación milagrosa de los panes y peces"
(Mons. Fulton Scheen)

"!San Juan Bosco, su nombre es todo un poema de gracia y de apostolado. Desde una aldea de Piamonte ha llevado la gloria y los triunfos de la caridad de Cristo hasta los más lejanos confines de la tierra..."
(Beato Juan XXIII)

"Don Bosco es un hombre de leyenda..."
(Víctor Hugo)

Fue dotado de grandes dones naturales y sobrenaturales, como los grandes santos. Tuvo el don de profecía, el don de milagros. Se adelantó 100 años al Concilio Vaticano II y eso por su espíritu evangélico.

Don Bosco fue un soñador. A los 9 años Dios le manifestó su misión. Durante toda su vida soñó Oratorios, Colegios, Escuelas Primarias, Secundarias, Escuelas de capacitación laboral, Bachilleratos comerciales, Pedagógicos, Técnicos y Agrícolas, Industriales, Electrónicos, Residencias Universitarias, casas de Retiros Espirituales, Parroquias, Iglesias, Capellanías, Editoriales, Centros de Comunicación Social y misiones para los más desheredados en todas las naciones del mundo....

Soñó la Primera Misión Salesiana en la Patagonia.... Envió la primera expedición de misioneros, que llegaron a Buenos Aires el 14 de diciembre de 1875 al frente del P. Juan Cagliero, (luego obispo y primer cardenal salesiano)

HOY SE CUMPLEN 121 AÑOS DE LA MUERTE DE DON BOSCO.





Al tiempo de la muerte de Don Bosco en 1888 existían 250 casas de la Asociación Salesiana en todo el mundo, que incluían a 130,000 niños, y de los cuales egresaban cada año 18,000 aprendices graduados. En la casa matriz Don Bosco había seleccionado a sus pupilos más brillantes, les enseñó Italiano, Latín, Francés y matemáticas, y esta banda formó un cuerpo de enseñanza para los nuevos hogares que crecían rápidamente en otros lugares. Hasta 1888 más de seis mil sacerdotes habían egresado de las instituciones de Don Bosco, de los cuales 1,200 permanecieron en la asociación. Las escuelas ofrecían desde las primeras instrucciones a los pequeños hasta, para aquellos que lo elegían, seminarios para el sacerdocio.

ELEVACIÓN DE LA ESTATUA DE DON BOSCO EN LA BASILICA DE SAN PEDRO, EL VATICANO.



DON RUA, PRIMER SUCESOR DE DON BOSCO, AL CENTRO, A SU LADO IZQUIERDO DON JUAN CAGLIERO, PRIMER OBISPO Y CARDENAL SALESIANO.



DON RUA IMPARTIENDO SU BENDICIÓN



DON RINALDI Y EL PEQUEÑO EGIDIO VIGANO(SUCESORES DE DON BOSCO, TERCERO Y SEPTIMO)



DON ZIGGIOTTI (QUINTO SUCESOR DE DON BOSCO)



DON EGIDIO VIGANO (SEPTIMO SUCESOR DE DON BOSCO) CON MADRE TERESA



DON FRANCESIA Y DON LEMOYNE



LUIS VARIARA (MISIONERO SALESIANO)





FELIZ FIESTA A TODOS Y BENDICIONES.

domingo, 30 de enero de 2011

Novena a Don Bosco, 9 día.

AMOR DE SAN JUAN BOSCO A JESÚS SACRAMENTADO.


De entre las obras de Dios, hay dos que son las más insignes y que mas pasman los juicios de los hombres, y son tan excelentes que, hablando de ellas, el profeta Isaías las llama invenciones de Dios.

La primera fue la encarnación, con la que Dios se unió a nuestra naturaleza, con un nudo tan estrecho, que en una persona quedaron Dios y hombre.

La otra invención de Dios, propia únicamente de su infinito amor,fue la institución del Santísimo Sacramento.

En la primera quedó la naturaleza humana unida con Dios; en esta segunda, Dios hombre se une con nosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre estará en mi y yo en el, dice el Señor. Esta obra es maravillosa recopilación de todas las maravillas.

Quiso que fuésemos el templo y el relicario donde estuviese y se depositase su sacratísima humanidad para ser el alimento y vida de nuestra alma y prenda de nuestra futura resurrección.

A San Juan Bosco se le puede llamar el apóstol de la Eucaristía; difícilmente se podrá encontrar quien en esto lo supere.

Desde niño lo previno la divina providencia.

Siendo pastorcillo de pocos años, solía levantarse cada Domingo muy temprano y cruzando prados y bosques iba al lejano pueblo de Moncucco, para allí reconciliarse y recibir la santa comunión.

Mas tarde, estando en el seminario de Chieri, sus compañeros seminaristas apenas si solían comulgar cada Domingo y en las grandes solemnidades; mas el joven Bosco casi fraudulentamente, comulgaba todos los días en la iglesia contigua al seminario, no reparando en que para poder comulgar se veía obligado a sacrificar su desayuno y a no probar bocado hasta las doce del día.

Parecíale no poder vivir sin la comunión.

Después de ordenado sacerdote, su arma más poderosa para combatir al demonio y hacer santos a sus discípulos, fue la comunión frecuente.

Proclamaba siempre muy alto y por doquiera que suprimir de la educación la confesión y la comunión frecuentes, es desterrar la moralidad, y que no puede haber sólida virtud, si no está apoyada y robustecida por la frecuente comunión.

Así como el maná, escribe San Juan Bosco en su áureo devocionario “el joven instruido”, sirvió de alimento diario a los hebreos, durante todo el tiempo que estuvieron en el desierto hasta el día que entraron en la tierra de promisión, así la santa comunión debería ser nuestro sostén, nuestro pan cotidiano, en medio de los peligros que nos rodean en este mundo, hasta que consigamos la verdadera tierra prometida del paraíso.

No solo es San Juan Bosco el apóstol de la comunión diaria, sino que lo es también de las visitas frecuentes de Jesús Sacramentado.

Decía a los jóvenes:

“¿Queréis que Jesús Sacramentado os conceda muchas gracias?

Visitadlo a menudo.

¿Queréis que os conceda pocas?

Visitadlo pocas veces

¿Queréis que el demonio los asalte?

Haced pocas visitas

¿Queréis que huya de vosotros?

Visitad con frecuencia a Jesús.

¿Queréis ser vencidos?

Dejad de visitar a Jesús.

Hijos míos, la visita a Jesús Sacramentado es un medio muy necesario para vencer al demonio. Por tanto, id con frecuencia a visitar a Jesús y Jamás seréis vencidos por vuestro enemigo”.

Sea pues la Eucaristía el horno donde se inflame nuestro amor a Jesucristo; todo lo podremos, se allanarán todos los obstáculos, si amamos a Jesús Sacramentado; y si somos educadores, haremos reinar a Jesucristo en el corazón de la juventud y aumentaremos el número de sus ministros dando a la iglesia numerosas vocaciones.

PRODIGIOSA CURACIÓN

Sor María Josefa de Massini, hacia nueve años que sufría algunos dolores de estómago, al cabo de los cuales degeneraron en una úlcera tan grave y acompañada de tal postración de fuerzas, que los dos médicos que la asistían no creyeron prudente someterla a una operación quirúrgica.

Todos los remedios humanos resultaron impotentes hasta para traer algún alivio a la enferma.

No quedaba mas recurso que un milagro, y esto fue lo que intentó sor Maria Josefa, llena de fe en la protección de San Juan Bosco de quien era muy devota, empezó pues y terminó una novena: pero sin ningún resultado, el mal se agravaba por momentos; agudos dolores la atormentaban continuamente.

Con todo, no decayó su confianza en Don Bosco; Consiguió una reliquia del santo y empezó una segunda novena.

Al quinto día se le apareció en sueños un venerable sacerdote que le dijo:

“Yo soy Don Bosco y he venido para concederte la gracia que me has pedido, en conformidad con la voluntad de Dios; ten fe y paciencia en sufrir unos pocos días; el domingo te concederé la gracia”.

Al día Siguiente, como quisiesen administrarle a extremaunción, contó el sueño que había tenido y suplicó se la difiriesen hasta el domingo.

Toda la comunidad se unió a las oraciones de la enferma, empezando un triduo a Don Bosco.

En la noche del penúltimo día de la novena, vino de nuevo Don Bosco a consolar a su devota; llevaba sobre el brazo la túnica que las religiosas de aquel convento acostumbraban vestirse los días de fiesta, y la puso sobre el lecho diciéndole:

“Solo te queda un día de sufrimiento, después curarás.
Le dirás a tu confesor que pasado mañana (domingo) te mande levantar con estas palabras “En Nombre de Don Bosco levántate que estás curada””.


Llego el tan suspirado domingo y la enferma se encontraba, si cabe, peor; aquella vida se iba extinguiendo por momentos; todo estaba dispuesto para administrarle la extremaunción. Antes de proceder a ello el confesor le dijo:

- ¿Por que no prueba a levantarse en nombre de Don Bosco?

No tengo fuerzas

– contestó la enferma.

– Y si yo le dijese ¿Levántese por obediencia en nombre de Don Bosco?

– Al pronunciar su confesor estas palabras (refiere la enferma), sentí un súbito estremecimiento de Todo mi ser, pude mover mis miembros y desaparecieron todos mis dolores.

En un momento, sentí que volvía de la muerte a la vida. Estaba completamente curada. Las escenas que a esto sucedieron no son para describirlas.

ORACION

¡Oh bienaventurado Don Bosco! Por el ardiente amor que tuviste a Jesús Sacramentado y por el celo con que propagaste su culto, sobre todo con la asistencia a la santa misa, con la comunión frecuente y con la visita cotidiana, alcánzanos la gracia de crecer mas y más en el amor, y practica de santas devociones y de terminar nuestros días fortalecidos por el celestial alimento de la divina eucaristía.

Así Sea.
Padre nuestro, avemaría y gloria al padre…
San Juan Bosco Rogad por nosotros.

sábado, 29 de enero de 2011

Novena a Don Bosco, Día 8.

MARIA AUXILIADORA Y SAN JUAN BOSCO


La devoción a Maria Santísima, invocada bajo el titulo de Auxiliadora de pueblo cristiano, es ya universal. Esta difusión milagrosa es una nueva prueba del patrocinio que la madre de Dios continua dispensando a sus hijos y clara señal de que no nos faltará su acompañamiento en los difíciles tiempos que atravesamos.

Según las revelaciones de los santos (como asegura el padre Fáber), los males que nos afligen no se remediarán sino con un acrecentamiento de la devoción a la santísima Virgen. Si esto es así, no estará lejos nuestra salud, ya que tanto ha progresado el amor a Maria mediante la advocación de Auxiliadora de los Cristianos.

No cabe duda que esta devoción es del agrado de la madre de Dios, ya que ella misma la promovió, suscitando al apóstol que debía difundirla por toda la tierra.

Este no es otro que san Juan Bosco, fundador de la Pía Sociedad Salesiana.

Empieza Maria a formar su apóstol, de edad de nueve años, mostrándole una multitud de animales feroces convertidos en mansos corderillos, diciéndole:

“Esta será tu misión; lo que ves que sucede con estos animales, tu deberás hacerlo con mis hijos”.

Luego con nuevas ilustraciones le va detallando mas la obra que le ha sido confiada y lo va encaminando al sacerdocio, allanando obstáculos casi insuperables.

Ya sacerdote, en sucesivas misiones lo va guiando paso a paso y mostrando circunstancia por circunstancia, todo el desarrollo de la congregación que debía difundir por el mundo esta devoción salvadora; de modo que pudo decir a uno de sus mas amados discípulos:

“Las grandes dificultades que han de surgir están previstas y conozco el modo de vencerlas; veo perfectamente lo que nos ha de suceder; voy adelante en plena luz”.

La misma Virgen le mostró el vastísimo templo que debía erigirle bajo la advocación de Auxilio de los cristianos, templo que seria centro y faro luminoso de donde irradiase la luz de esta devoción por todo el mundo; en el interior están escritas estas palabras:

hic domus mea, inde gloria mea. Esta es mi casa; de aquí saldrá mi gloria.

Y no solamente le mostró el templo sino que le indicó el lugar preciso donde quería que fuese edificado.

“Este lugar” – le dijo – “donde los gloriosos mártires de Turín, Aventor y Octavio, sufrieron el martirio, quiero que sea honrado de un modo especial”.



En otra visión, pareció le estar cerca del lugar en donde actualmente se levanta el templo de Maria Auxiliadora; tres bellísimos jóvenes lo invitaron a acompañarlos y lo presentaron a una señora magníficamente vestida, indecible hermosura, majestad y
esplendor; estaba rodeada de un cortejo de venerables ancianos que parecían príncipes y de otros innumerables personajes ricamente vestidos y de una hermosura deslumbradora.

La señora lo invitó a acercarse y le dijo que aquellos tres jóvenes que lo habían acompañado eran los mártires Solutor, Aventor y Octavio; lo animó a proseguir la obra empezada y a vencer los grandes obstáculos que sin duda encontraría, poniendo toda su confianza en ella y en su divino hijo. El sitio donde estaba el trono en que vio y venero a esta gran señora, es el que actualmente ocupa el altar mayor de la iglesia de Maria Auxiliadora.

Admiremos los designios de la divina providencia, en esta obra de restauración cristiana, mediante el acrecentamiento de la devoción a Maria Auxiliadora y contribuyamos a ella con nuestro esfuerzo en amarla y hacerla amar de otros muchos.


CURACION MILAGROSA

Ana Maccoloni, de Rimini (Italia), sintiese atacada, en octubre de 1930, de bronconeumonía influencial, que persistió hasta noviembre del mismo año.

A mediados de diciembre de 1930, sobrevivió, además, una flebitis que invadió toda la pierna izquierda, quedando privada en absoluto de movimiento e hinchada hasta adquirir doble volumen del normal.
Conviene advertir que si la flebitis en los enfermos jóvenes es siempre grave, lo es mucho más en los de edad avanzada, por el peligro de gangrena y arteriosclerosis.

Por esto los dos médicos de cabecera, conformes en el diagnostico y teniendo en cuenta la mucha edad de la enferma (74 años), mas aún que la propia infección influencial, pronosticaron un probable funesto desenlace.

Es opinión común de los técnicos que la flebitis no puede ser curada de un modo instantáneo. Pues bien, la susodicha Ana, una noche, a fines de aquel mismo año, y después de haber hecho un triduo a San Juan bosco y aplicado sobre el miembro enfermo una reliquia del mismo, sintiese instantánea y perfectamente curada de la flebitis, sin que le haya quedado vestigio alguno de dolores, ni de hinchazón, y recobro en el acto el movimiento y la flexibilidad del miembro afectado.

Que esta curación ha sido perfecta lo atestiguan, además de los médicos de cabecera, los peritos que diez meses después del hecho, reconocieron a la referida Ana.

Dichos tres peritos, nombrados por la Sagrada Congregación De Ritos,
unánimemente con los doctores de cabecera, convinieron en la diagnosis y prognosis y en el reconocimiento del hecho milagroso.

ORACION.

Oh bienaventurado San Juan Bosco: por el amor tiernísimo que tuviste a Maria Auxiliadora, tu madre y maestra, alcánzanos una constante y sincera devoción a tan dulcísima señora, a fin de que, como hijos suyos devotísimos, podamos merecer su valioso patrocinio en esta vida y de un modo especial en la hora de la muerte.

Así sea.

Padre nuestro, avemaría y gloria al padre…
San Juan Bosco Rogad por nosotros.