sábado, 14 de mayo de 2011
viernes, 13 de mayo de 2011
SANTA MARÍA DOMENICA MAZZARELLO (1837-1881)
Beatificada el 20-11-38 / Canonizada el 24-6-51
“Te las confío”
María Dominga nació en Mornese, provincia de Alessandria (Italia), el 9 de mayo de 1837, en una numerosa familia de campesinos. Dotada de fuerza física no común, desde muchacha trabajó en el campo con su padre José. “Para que Dios no deje que nos falte el pan es necesario rezar y trabajar”, decía ella.
Gracias a la educación profundamente cristiana recibida en su familia, María hacía grandes sacrificios para encontrarse diario con Jesús en la Eucaristía: “Sin él no podría vivir”. En 1860 llegó la tifoidea a Mornese. Su confesor, don Pestarino le pidió ayuda para atender a algunos enfermos de la familia Mazzarello. María aceptó, pero se enfermó. Aunque se curó inesperadamente, perdió el vigor físico de antes, pero no la fe. Mientras caminaba por la calle tuvo una visión misteriosa: vio un gran edificio con muchas muchachas que corrían en el patio, y una voz que le decía: “te las confío”.
El Espíritu Santo formó en ella un corazón Materno
No pudiendo trabajar en el campo, de acuerdo con su amiga Petronila, decidió ser sastre, para enseñar la costura a las muchachas pobres. El Espíritu Santo formó en ella un corazón materno. Prudente y sabia, educó a las muchachas con amor preventivo. Habiendo abierto un pequeño taller – como le sucedió a Don Bosco –, el Señor le envió a las primeras huérfanas que acogió. Luego llegaron las primeras colaboradoras, que Don Pestarino llamará Hijas de la Inmaculada.
Don Bosco llegó a Mornese con sus jóvenes en 1864 a abrir un colegio para los muchachos del pueblo. María lo miró y exclamó: “Don Bosco es un santo y yo lo siento”. Don Bosco visitó el pequeño taller de las Hijas de la Inmaculada y quedó muy impresionado.
Hijas de la Inmaculada… Hijas de María Auxiliadora
Pío IX le pidió a Don Bosco que fundara un Instituto femenino, y él, llamando a Don Pestarino, eligió a las Hijas de la Inmaculada, mandándolas al colegio apenas construido. María y sus compañeras sufrieron el hambre, también por la hostilidad inicial de sus paisanos, pero estaban siempre alegres y su fe jamás vaciló.
En 1872 las primeras quince Hijas de la Inmaculada se convirtieron en Hijas de María Auxiliadora. María fue llamada al gobierno del Instituto; pero al comienzo pidió que la llamaran Vicaria porque, decía, “la verdadera superiora es la Virgen”.
El Instituto creció, se multiplicó y se abrieron las primeras casas, las primeras misiones en América del Sur. María fue llamada “madre”. A pesar de todo era sencilla, se preocupaba por todas, daba siempre el ejemplo aún en los trabajos más humildes.
Con su sabiduría, dirigió la espiritualidad del Instituto, encarnando en las Hijas de María Auxiliadora el carisma dado a Don Bosco.
Murió en Nizza Monferrato el 13 de mayo de 1881, a la edad de 44 años. A su muerte el Instituto contaba ya con 165 Hermanas y 65 novicias esparcidas en 28 casas (19 en Italia, 3 en Francia y 6 en Sudamérica).
Fue beatificada por Pío XI en 1938 y canonizada por Pío XII el 24 de junio de 1951.
Los Pastorcillos de Fatima
Vida de los beatos Francisco y Jacinta Marto
"...Al abrir la caja para efectuar la traslación, la comisión encargada para realizar el proceso verificó que la mayor parte del cuerpo de Jacinta estaba incorrupto..."
viernes, 6 de mayo de 2011
SANTO DOMINGO SAVIO - (1842-1857)
HOY 6 DE MAYO ES LA FIESTA DE SANTO DOMINGO SAVIO
Beatificado el 5-3-50 / Canonizado el 12-
6-54
Promesa de santidad
Domingo nació el 2 de abril de 1842, en San Juan de Riva, cerca de Chieri (Turín).
En ocasión de su Primera Comunión, a la edad de siete años, expuso su programa de vida: “Iré a confesarme frecuentemente y tomaré la Comunión cuantas veces mi confesor lo permita. Quiero hacer santos los domingos y fiestas de guardar. Mis amigos serán Jesús y María. Muerte pero no pecado”.
A los 12 años, Don Bosco lo aceptó en el Oratorio de Turín y Domingo le pidió su ayuda para “convertirse en un santo”. Amable, sereno y feliz hizo gran esfuerzo para cumplir con sus deberes como estudiante y para ayudar a sus compañeros de todas las maneras que le fuera posible, enseñándoles el Catecismo, atendiendo a los enfermos y resolviendo peleas.
Camino a la santidad
Un día le dijo a un compañero que recién había llegado al Oratorio: “Debes saber que aquí hacemos que la santidad consista en estar siempre alegres. Solamente tratamos de evitar el pecado, que es el gran enemigo que nos roba la gracia de Dios y la paz en el corazón, y tratamos de cumplir exactamente con nuestros deberes”. Era muy fiel a su programa de trabajo, sostenido por una intensa participación en la vida sacramental, por una devoción filial a María y por un alegre sacrificio. Dios lo enriqueció con muchos dones especiales.
Amor por María
El 8 de diciembre de 1854, cuando Pío IX proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción, Domingo se consagró a María y empezó a avanzar rápidamente en santidad. En 1856, fundó entre sus amigos, la Compañía de la Inmaculada Concepción. Este era un grupo dedicado a la acción apostólica y al ministerio grupal.
Amor por la Eucaristía
Mamá Margarita, que había ido a Turín para ayudar a su hijo sacerdote, le dijo un día: “Tú tienes muchos buenos chicos, pero ninguno sobrepasa la belleza de corazón y alma de Domingo Savio”. Y ella explicó: “ Lo veo siempre rezando, aún quedándose en la Iglesia después de los demás; todos los días deja el recreo para visitar el Santísimo Sacramento; cuando está en La Iglesia, él es como un ángel en el cielo”. Murió en Moriondo, el 9 de marzo de 1857. Sus restos están en la Basílica de María Auxiliadora en Turín.
Su fiesta se celebra HOY 6 de mayo.
El Papa Pío XI lo definió como “Un pequeño, más bien gran, gigante del Espíritu”, Es el patrono de niños cantores.
viernes, 29 de abril de 2011
Abren tumba de Juan Pablo II y extraen su féretro en vistas a beatificación
El Director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, P. Federico Lombardi, dio a conocer que los restos del Papa Juan Pablo II fueron exhumados esta mañana en vistas a su beatificación el domingo 1 de mayo en la Plaza de San Pedro en Roma.
Como se recuerda, el Papa Wojtyla fue enterrado en tres ataúdes: el primero de madera, fue el que se expuso durante el funeral; el segundo es de plomo y está sellado; el tercero, exterior, también de madera, es el que ha sido descubierto esta mañana en el momento de la extracción de la tumba. Se halla en buen estado de conservación aunque muestre algunos signos del tiempo.
Después de las operaciones de apertura de la sepultura, que comenzaron a primera hora de la mañana, el féretro se expuso en una tarima, en el lugar de la tumba, hasta las 9:00 a.m., cuando después de una breve oración, el Cardenal Angelo Comastri entonó el canto de las letanías.
Además del Cardenal Angelo Comastri, el arzobispo Giuseppe D'Andrea y el obispo Vittorio Lanzani, que representaban a la Basílica y al Capítulo de San Pedro, estaban presentes los cardenales Tarcisio Bertone, Secretario de Estado, Giovanni Lajolo, presidente de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano y Stanislaw Dziwisz, Arzobispo de Cracovia (Polonia) y secretario particular de Juan Pablo II, Sor Tobiana, la monja que le acompaño y asistio en el vaticano, entre otros.
En total participaron varias decenas de personas, incluidos los trabajadores de la Fábrica de San Pedro, que han llevado a cabo su tarea con gran devoción y participación espiritual profunda.
Mientras se cantaban las letanías durante el breve recorrido, el féretro se trasladó ante la tumba de San Pedro, en las grutas vaticanas, cubierto por una amplia tela bordada en oro. El Cardenal Bertone rezó una breve oración final.
El féretro, como ya se anunció, permanecerá en las grutas hasta la mañana del domingo 1 de mayo, cuando se trasladará a la Basílica, ante el altar central, para el homenaje del Santo Padre y de los fieles después de la beatificación. Mientras tanto, las grutas están cerradas al público.
La colocación estable del cuerpo del Beato bajo el altar de la capilla de San Sebastián tendrá lugar con toda probabilidad la tarde del lunes, 2 de mayo, tras el cierre de la Basílica.
Luego de la exhumación de los restos del Papa Juan Pablo II esta mañana, la lápida de la tumba será trasladada a Cracovia (Polonia) donde se colocará en una nueva iglesia que se dedicará al Beato.
La lápida que ha sido retirada esta mañana ha sido colocada en otra parte de las grutas vaticanas y afortunadamente se conserva intacta.
El anuncio se hizo esta mañana luego del traslado del féretro de Juan Pablo II que luego de la beatificación podrá ser venerado por los cientos de miles de fieles que han llegado hasta Roma para participar en este histórico evento.
Por primera vez en diez siglos, un Papa beatifica a su predecesor inmediato.
martes, 12 de abril de 2011
Feliz Cumpleaños Amigos.
MAURICIO CAÑADAS.
cumplo años el pasado domingo 10 de Abril, le enviamos muchisimos saludos y felicitaciones, Seguramente LOS AMIGOS DE MAURICIO lo habran festajado.
MUCHISIMAS FELICIDADES MAURICIO Y BENDICIONES.
También mi querido amigo Mario Cuellar Marchelli está tiernito hoy 12 de Abril, casualidad ambos son de la Comunidad de Jerusalem, Mario es el primer Pastor General de la Comunidad de Jerusalem como quien dice EL PRIMER OBISPO.
FELICIDADES MARIO Y MUCHAS BENDICIONES, saludos cariñosos a la familia.
En la foto con su Familia: Joan, Gabbi, Catherine & Sean Angelo,
sábado, 2 de abril de 2011
A la sombra de Karol
Hace seis años, el 2 de Abril del 2005, sábado después de Pascua, murió Juan Pablo II.
Hay un libro de memorias de su secretario (actualmente arzobispo-cardenal de Cracovia, en Polonia), Estanislao Dziwisz (“Una vita con Karol”, Rizzoli, Milano 2007).
He leído el libro. La mayor parte de las cosas que dice ya las conocíamos, aunque ahora tienen la ventaja de que quien habla de ellas las vivió de cerca como nadie.
Quisiera aquí simplemente mencionar algunos detalles interesantes y más o menos desconocidos –creo- de aquel Papa; hechos que ahora podemos conocer directamente gracias a estos recuerdos de quien estuvo casi cuarenta años a su lado, todos los días, como su sombra: 12 años en Cracovia y 27 en Roma.
Uno de los capítulos tal vez menos conocidos, y para mí en parte novedoso, es el 13, sobre “La jornada de un Papa”.
He ahí algunos detalles en los que se mezcla lo ordinario con lo importante, lo humano con lo espiritual. La “estructura” vaticana es bastante férrea; pero, eso no impide que cada Papa la haya marcado con su estilo de vida, su carácter e idiosincrasia.
Precisamente debido a ello, no le fue fácil a Wojtyla acostumbrarse a vivir “encerrado” dentro de aquellos muros y enseguida trató de romper moldes.
Siempre le había gustado la montaña; le aireaba los pulmones y el espíritu. Por eso comenzaron pronto (¡y de qué manera, como veremos!) sus escapadillas. Fueron más de cien sus “expediciones” montañesas, sobre todo a los Abruzos (cordillera que atraviesa el centro de Italia, no lejos de Roma).
Al principio nadie sabía nada, ni en el Vaticano ni entre los periodistas. La primera vez fue incluso casi picaresca. Ahí se la cuento.
Hacía tiempo que Juan Pablo deseaba no sólo esquiar sino meterse en la vida normal de la gente, y por eso decidió tentarlo. Al parecer, la idea surgió un día comiendo con sus colaboradores más íntimos. La localidad escogida fue Ovindoli.
Dos o tres días antes, dos sacerdotes polacos esquiadores, Rakoczy y Kowalczyk, fueron a perlustrar la zona para evitar imprevistos. Finalmente, el 2 de Enero de 1981 salieron de Castelgandolfo, hacia las nueve de la mañana, sin que nadie más –ni monseñores, ni policías- supiera nada.
En el coche iban el tal Kowalczyk, el chófer, y Racoczy el cual hacía ver que leía el periódico teniéndolo abierto y cubriendo de este modo a los dos que iban detrás: Wojtyla e Dziwisz. Kowalczyk iba conduciendo con extrema cautela, respetando al máximo los límites de velocidad y los semáforos, disminuyendo en los pasos cebra... ¡Imagínense qué hubiera sucedido si hubiera tenido lugar un accidente, una pana del coche o, peor aún, una infracción con detención de la policía y multa correspondiente...! Cruzaron varios pueblos, de manera que el Papa pudo ver así, desde detrás de la ventanilla, cómo era la vida ordinaria de la gente. Al llegar, se pararon en las afueras de Ovindoli, cerca de una de las pistas de esquí donde no había casi nadie. Lograron esquiar, pasear, contemplar, orar...; un día inolvidable.
El Papa estaba contentísimo del “regalo” que sus amigos le habían conseguido. A la vuelta, sonriendo, les dijo: “¡Lo hemos logrado!”.
Salieron otras veces, buscando siempre pistas más o menos solitarias; pero, era imposible evitar totalmente que hubiera otra gente.
Por lo demás, el Papa se comportaba como un esquiador cualquiera. Iba vestido como todos: casaca, jersey grueso y pantalón, gorro y gafas oscuras.
Se ponía en fila como todos para subir al ski-pass, pero –por prudencia- tenía siempre delante y detrás uno de los que le acompañaban. Parecía mentira, pero nadie le reconocía (¿quién podía sospechar que aquellos tres o cuatro esquiadores, vestidos como todos los demás y que se comportaban normalmente, eran el Papa y sus secretarios personales? ¡No había sucedido nunca!).
Al final, un día alguien le descubrió: ¡fue un niño de diez años! Era ya hacia el atardecer. Dziwisz y Kowalczyk iban por delante. Rakoczy se había parado esperando al Papa. En aquel momento, más abajo, al final de la pista, había un grupo de esquiadores; y, un poco antes, un niño que corría afanoso porque se había retrasado. Preguntó a Rakoczy: “¿Ha visto a los demás?”.
Y mientras el monseñor le indicaba el camino, el niño se volvió y vió llegar a otro esquiador. Se quedó boquiabierto y, con los ojos que se le salían, comenzó a gritar: “¡El Papa! ¡el Papa!”. A lo que le replicó Rakoczy: “¿Qué dices, tonto? Piensa más bien en correr hacia los tuyos que si no los vas a perder...”.
Pero, el grupito papal corrió también hacia abajo a toda prisa, se metió corriendo en el coche y salió para Roma... A continuación, cuando la gente empezó a saber que el Papa esquiaba y que podían encontrarlo en las pistas, hubo que cambiar de sistema, comunicarlo “oficialmente” a los de la vigilancia y a la policía italiana... Se acabó aquella “poesía”. A pesar de ello, lograron salir varias veces, quedarse todo el día en la montaña, encender fuergo, comer algo, charlar y cantar...
Y ahora, en “flash”, algunos detalles más de su vida.
A Juan Pablo II no le gustaba celebrar la Misa solo, ni comer solo; por eso siempre tenía invitados a su celebración y a su mesa. Por cierto que con él no se comía mucho, pero sí de todo; en particular le gustaban los dulces italianos y el café expreso. Mientras le permitió la salud, demostró buen paladar; pasando los años y deteriorándose aquélla, hubo que seguir los consejos del médico. Al final de la jornada, hecha de consultas, audiencias y estudio de dossiers, todo intercalado con momentos de oración, después de haberse retirado por última vez en la capilla, se asomaba a la ventana de su habitación y, desde detrás de las cortinas, contemplaba Roma iluminada, y la bendecía. Con aquella señal de la cruz a “su” ciudad, concluía la jornada y se iba a descansar.
Le gustaba viajar. Había viajado toda su vida. Cuando llegó a Papa ya había estado en las principales partes del mundo. Pero, de Papa, quiso ampliar esta posibilidad de apostolado. La razón que daba era: “No puedo esperar a que los fieles vengan a la Plaza de San Pedro.
Además, muchos no pueden venir aquí... ¡Voy a ir yo a donde ellos!”. Y, sobre todo, quiso ir a visitar a los más pobres: las chozas del Chad, unas favelas de Rio de Janeiro (donde, impresionado por la pobreza, de repente se sacó el anillo y lo dió a aquella gente), un campo de prófugos en Tailandia, en Colombia y Méjico encontró a los indígenas... Y hablaba con todos sin rémoras. A Pinochet, en Chile, le dijo, en el diálogo privado, que había llegado la hora de entregar el poder a las autoridades civiles.
Después del atentado del 13 de Mayo 1981, apenas pudo, quiso ir a encontrar a Alí Agca, para decirle que le consideraba un hermano y le perdonaba. Estaba convencido de que el atentador, ante el gesto de perdón, habría hablado sinceramente con él ; pero, no fue así. Todo el coloquio se concentró en la pregunta del turco: “¿Por qué no ha muerto Usted?”; y nunca dijo el esperado: “¡Perdóneme...!”.
Se preocupó mucho de la situación de Polonia en los años ochenta y la cuestión de “Solidarnosc”; pero, es falso lo que a veces se ha dicho –afirma Dziwisz- de que Juan Pablo había ayudado al sindicato con dinero (otros, en cambio, afirman que es innegable y comprobado que hizo que la ayudaran económicamente...). Otra de sus preocupaciones mayores fue el ecumenismo; por eso, entre otras muchas cosas, propuso y realizó el encuentro de oración con representantes de otras religiones en Asís, en 1986.
A propósito de este último hecho, no todos en el Vaticano estaban de acuerdo (en 1987 dijo a Andrea Riccardi, fundador de la llamada “Comunidad de San Egidio”:
“Algunos casi casi me excomulgan...”); e incluso se dijo repetidamente que el entonces cardenal Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex-Santo Oficio) era contrario al mismo, lo cual –de nuevo según Dziwisz- es falso.
En la celebración ecuménica de la apertura de la Puerta Santa en la Basílica de San Pablo, el 25 de Enero del 2000, no quiso abrirla él solo, sino que esperó un momento hasta que se levantaron y le ayudaron el metropolita ortodoxo Athanasios, representante del patriarca ortodoxo de Constantinopla, y el primado anglicano Carey.
En 1983, algunos obispos latinoamericanos le aconsejaron que no visitara la tumba de Mons. Oscar Romero, durante su viaje en El Salvador, por considerarlo comprometido políticamente, a lo que él respondió: “¡No! El Papa tiene que ir a visitarla y orar, porque fue un obispo asesinado precisamente durante su ministerio pastoral, durante la celebración de la Santa Misa!”.
Ya antes del 2000 quiso dimitirse, sea por razones de salud (estaba empeorando), sea para seguir la norma de Pablo VI que había determinado que los cardenales de más de ochenta años no participaran en la elección de un Papa; al final decidió abandonarse en las manos de Dios.
Finalmente, cuando el 2 de Abril del 2005, estaba en la cama en plena agonía, rodeado de unos pocos, los médicos y enfermeros, los secretarios y las religiosas... Se fue despidiendo de todos.
Quiso saludar también a Francesco, el encargado de la limpieza de su aposento. Sus últimas palabras fueron para una mujer, Sor Tobiana, una de las religiosas que cuidaban del piso y cocina. Él le hizo una pequeña señal; ella se acercó y le dijo con voz débil, separando una sílaba de la otra, y en polaco, para que la religiosa lo entendiera bien: “Dejadme... ir... a la... Casa... del... Padre...” (“Pozwólcie... mi odej sc do... domu... Ojca...”).
Fue su última orden, convertida indirectamente en piadosa invocación a los médicos para que desistieran de un posible encarnizamiento terapéutico para mantenerle inútilmente en vida alguna hora más.
A las 21’37 horas de aquel día su robusto corazón dejó de latir definitivamente. Alguien paró el reloj de la habitación; y todos los presentes, en vez de un “Requiem”, entonaron espontáneamente, aunque con lágrimas en los ojos, un “Te Deum”.
Como dijo san Agustín recordando la muerte de su madre, santa Mónica: “No lloréis porque la hemos perdido; ¡dad gracias a Dios porque la hemos tenido!”.