lunes, 13 de abril de 2009

Vía Crucis en el Ricaldone

Con la dirección de los Salesianos Cooperadores y la participación de los grupos Juveniles del Ricaldone y la comunidad se realizo el Solemne Vía Crucis en el Ricaldone.

La primera estación a cargo de Iglesia Joven.

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El recorrido fue a lo largo de toda la Colonia Libertad.

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La participación de los fieles fue concurrida.

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El Padre René Santos a lo largo de las estaciones fue meditando la Pasión del Señor.

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La elaboración de Alfombras para el paso de la procesión.

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Las realizan con sal industrial o azerrin teñido.

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Presencia importante de Eje, Epre, Grupo Don Bosco e Iglesia Joven

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Se finalizo en el Templo Santo Domingo Savio

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Misa de la Cena del Señor en el Ricaldone

El Jueves Santo presidio la Misa de la Cena del Señor el Padre René Santos, ante una feligresía que lleno el Templo Santo Domingo Savio.

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Los preparativos de la procesión inicial.

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Los Apóstoles fueron representados por miembros de Iglesia Joven.

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Ya en el Templo los apóstoles en el lavatorio de Pies

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Al finalizar llevaron el Santísimo hacia el monumento previamente elaborado por los fieles.

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La Eucaristía es el “amor hecho corpóreo” dice el Papa en Misa de la Cena del Señor

Al presidir el jueves por la  tarde la Misa de la Cena del Señor, el Papa Benedicto XVI explicó en una extensa y profunda homilía sobre el sentido de la Cena del Señor, que la Eucaristía es el “amor hecho corpóreo” para el bien de la humanidad.

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Esta fue la homilía pronunciada por el Santo Padre en la tarde del Jueves Santo en la Basílica Vaticana:

Queridos hermanos y hermanas:

Qui, pridie quam pro nostra omniumque salute pateretur, hoc est hodie, accepit panem. Así diremos hoy en el Canon de la Santa Misa. «Hoc est hodie». La Liturgia del Jueves Santo incluye la palabra «hoy» en el texto de la plegaria, subrayando con ello la dignidad particular de este día. Ha sido «hoy» cuando Él lo ha hecho: se nos ha entregado para siempre en el Sacramento de su Cuerpo y de su Sangre. Este «hoy» es sobre todo el memorial de la Pascua de entonces. Pero es más aún. Con el Canon entramos en este «hoy». Nuestro hoy se encuentra con su hoy. Él hace esto ahora.

Con la palabra «hoy», la Liturgia de la Iglesia quiere inducirnos a que prestemos gran atención interior al misterio de este día, a las palabras con que se expresa. Tratemos, pues, de escuchar de modo nuevo el relato de la institución, tal y como la Iglesia lo ha formulado basándose en la Escritura y contemplando al Señor mismo.

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Lo primero que nos sorprende es que el relato de la institución no es una frase suelta, sino que empieza con un pronombre relativo: qui pridie. Este «qui» enlaza todo el relato con la palabra precedente de la oración, «…de manera que sea para nosotros Cuerpo y Sangre de tu Hijo amado, Jesucristo, nuestro Señor». De este modo, el relato de la institución está unido a la oración anterior, a todo el Canon, y se hace él mismo oración. En efecto, en modo alguno se trata de un relato sencillamente insertado aquí; tampoco se trata de palabras aisladas de autoridad, que quizás interrumpirían la oración. Es oración. Y solamente en la oración se cumple el acto sacerdotal de la consagración que se convierte en transformación, transustanciación de nuestros dones de pan y vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

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Rezando en este momento central, la Iglesia concuerda totalmente con el acontecimiento del Cenáculo, ya que el actuar de Jesús se describe con las palabras: «gratias agens benedixit», «te dio gracias con la plegaria de bendición». Con esta expresión, la Liturgia romana ha dividido en dos palabras, lo que en hebreo es una sola, berakha, que en griego, en cambio, aparece en los dos términos de eucharistía y eulogía. El Señor agradece. Al agradecer, reconocemos que una cosa determinada es un don de otro.

El Señor agradece, y de este modo restituye a Dios el pan, «fruto de la tierra y del trabajo del hombre», para poder recibirlo nuevamente de Él. Agradecer se transforma en bendecir. Lo que ha sido puesto en las manos de Dios, vuelve de Él bendecido y transformado. La Liturgia romana tiene razón al interpretar nuestro orar en este momento sagrado con las palabras: «ofrecemos», «pedimos», «acepta», «bendice esta ofrenda». Todo esto se oculta en la palabra eucharistía.

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Hay otra particularidad en el relato de la institución del Canon Romano que queremos meditar en esta hora. La Iglesia orante se fija en las manos y los ojos del Señor. Quiere casi observarlo, desea percibir el gesto de su orar y actuar en aquella hora singular, encontrar la figura de Jesús, por decirlo así, también a través de los sentidos. «Tomó pan en sus santas y venerables manos». Nos fijamos en las manos con las que Él ha curado a los hombres; en las manos con las que ha bendecido a los niños; en las manos que ha impuesto sobre los hombres; en las manos clavadas en la Cruz y que llevarán siempre los estigmas como signos de su amor dispuesto a morir. Ahora tenemos el encargo de hacer lo que Él ha hecho: tomar en las manos el pan para que sea convertido mediante la plegaria eucarística. En la Ordenación sacerdotal, nuestras manos fueron ungidas, para que fuesen manos de bendición. Pidamos al Señor que nuestras manos sirvan cada vez más para llevar la salvación, para llevar la bendición, para hacer presente su bondad.

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Desde el inicio de la Oración sacerdotal de Jesús (cf. Jn 17, 1), el Canon usa las palabras: "elevando los ojos al cielo, hacia ti, Dios, Padre suyo todopoderoso". El Señor nos enseña a levantar los ojos y sobre todo el corazón. A levantar la mirada, apartándola de las cosas del mundo, a orientarnos hacia Dios en la oración y así elevar nuestro ánimo. En un himno de la Liturgia de las Horas pedimos al Señor que custodie nuestros ojos, para que no acojan ni dejen que en nosotros entren las "vanitates", las vanidades, la banalidad, lo que sólo es apariencia. Pidamos que a través de los ojos no entre el mal en nosotros, falsificando y ensuciando así nuestro ser. Pero queremos pedir sobre todo que tengamos ojos que vean todo lo que es verdadero, luminoso y bueno, para que seamos capaces de ver la presencia de Dios en el mundo. Pidamos, para que miremos el mundo con ojos de amor, con los ojos de Jesús, reconociendo así a los hermanos y las hermanas que nos necesitan, que están esperando nuestra palabra y nuestra acción.

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Después de bendecir, el Señor parte el pan y lo da a los discípulos. Partir el pan es el gesto del padre de familia que se preocupa de los suyos y les da lo que necesitan para la vida. Pero es también el gesto de la hospitalidad con que se acoge al extranjero, al huésped, y se le permite participar en la propia vida. Dividir, com-partir, es unir. A través del compartir se crea comunión. En el pan partido, el Señor se reparte a sí mismo. El gesto del partir alude misteriosamente también a su muerte, al amor hasta la muerte. Él se da a sí mismo, que es el verdadero «pan para la vida del mundo» (cf. Jn 6, 51). El alimento que el hombre necesita en lo más hondo es la comunión con Dios mismo. Al agradecer y bendecir, Jesús transforma el pan, y ya no es pan terrenal lo que da, sino la comunión consigo mismo. Esta transformación, sin embargo, quiere ser el comienzo de la transformación del mundo. Para que llegue a ser un mundo de resurrección, un mundo de Dios. Sí, se trata de transformación. Del hombre nuevo y del mundo nuevo que comienzan en el pan consagrado, transformado, transustanciado.

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Hemos dicho que partir el pan es un gesto de comunión, de unir mediante el compartir. Así, en el gesto mismo se alude ya a la naturaleza íntima de la Eucaristía: ésta es agape, es amor hecho corpóreo. En la palabra «agape», se compenetran los significados de Eucaristía y amor. En el gesto de Jesús que parte el pan, el amor que se comparte ha alcanzado su extrema radicalidad: Jesús se deja partir como pan vivo. En el pan distribuido reconocemos el misterio del grano de trigo que muere y así da fruto. Reconocemos la nueva multiplicación de los panes, que deriva del morir del grano de trigo y continuará hasta el fin del mundo. Al mismo tiempo vemos que la Eucaristía nunca puede ser sólo una acción litúrgica. Sólo es completa, si el agape litúrgico se convierte en amor cotidiano. En el culto cristiano, las dos cosas se transforman en una, el ser agraciados por el Señor en el acto cultual y el cultivo del amor respecto al prójimo. Pidamos en esta hora al Señor la gracia de aprender a vivir cada vez mejor el misterio de la Eucaristía, de manera que comience así la transformación del mundo.

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Después del pan, Jesús toma el cáliz de vino. El Canon Romano designa el cáliz que el Señor da a los discípulos, como «praeclarus calix», cáliz glorioso, aludiendo con ello al Salmo 23 [22], el Salmo que habla de Dios como del Pastor poderoso y bueno. En él se lee: «preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; …y mi copa rebosa» (v. 5), calix praeclarus. El Canon Romano interpreta esta palabra del Salmo como una profecía que se cumple en la Eucaristía. Sí, el Señor nos prepara la mesa en medio de las amenazas de este mundo, y nos da el cáliz glorioso, el cáliz de la gran alegría, de la fiesta verdadera que todos anhelamos, el cáliz rebosante del vino de su amor. El cáliz significa la boda: ahora ha llegado «la hora» a la que en las bodas de Caná se aludía de forma misteriosa. Sí, la Eucaristía es más que un banquete, es una fiesta de boda. Y esta boda se funda en la autodonación de Dios hasta la muerte. En las palabras de la última Cena de Jesús y en el Canon de la Iglesia, el misterio solemne de la boda se esconde bajo la expresión «novum Testamentum». Este cáliz es el nuevo Testamento, «la nueva Alianza sellada con mi sangre», según la palabra de Jesús sobre el cáliz, que Pablo transmite en la segunda lectura de hoy (cf. 1 Co 11, 25). El Canon Romano añade: «de la alianza nueva y eterna», para expresar la indisolubilidad del vínculo nupcial de Dios con la humanidad. El motivo por el cual las traducciones antiguas de la Biblia no hablan de Alianza, sino de Testamento, es que no se trata de dos contrayentes iguales quienes la establecen, sino que entra en juego la infinita distancia entre Dios y el hombre. Lo que nosotros llamamos nueva y antigua Alianza no es un acuerdo entre dos partes iguales, sino un mero don de Dios, que nos deja como herencia su amor, a sí mismo. Ciertamente, a través de este don de su amor Él, superando cualquier distancia, nos convierte verdaderamente en partner y se realiza el misterio nupcial del amor.

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Para poder comprender lo que allí ocurre en profundidad, hemos de escuchar más cuidadosamente aún las palabras de la Biblia y su sentido originario. Los estudiosos nos dicen que, en los tiempos remotos de que hablan las historias de los Patriarcas de Israel, «ratificar una alianza» significaba «entrar con otros en una unión fundada en la sangre, o bien acoger a alguien en la propia federación y entrar así en una comunión de derechos recíprocos». De este modo se crea una consanguinidad real, aunque no material. Los aliados se convierten en cierto modo en «hermanos de la misma carne y la misma sangre». La alianza realiza un conjunto que significa paz (cf. ThWNT II 105-137). ¿Podemos ahora hacernos al menos una idea de lo que ocurrió en la hora de la última Cena y que, desde entonces, se renueva cada vez que celebramos la Eucaristía? Dios, el Dios vivo establece con nosotros una comunión de paz, más aún, Él crea una "consanguinidad" entre Él y nosotros. Por la encarnación de Jesús, por su sangre derramada, hemos sido injertados en una consanguinidad muy real con Jesús y, por tanto, con Dios mismo. La sangre de Jesús es su amor, en el que la vida divina y la humana se han hecho una cosa sola. Pidamos al Señor que comprendamos cada vez más la grandeza de este misterio. Que Él despliegue su fuerza trasformadora en nuestro interior, de modo que lleguemos a ser realmente consanguíneos de Jesús, llenos de su paz y, así, también en comunión unos con otros.

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Sin embargo, ahora surge aún otra pregunta. En el Cenáculo, Cristo entrega a los discípulos su Cuerpo y su Sangre, es decir, Él mismo en la totalidad de su persona. Pero, ¿puede hacerlo? Todavía está físicamente presente entre ellos, está ante ellos. La respuesta es que, en aquella hora, Jesús cumple lo que previamente había anunciado en el discurso sobre el Buen Pastor: «Nadie me quita la vida, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla» (cf. Jn 10,18). Nadie puede quitarle la vida: la da por libre decisión. En aquella hora anticipa la crucifixión y la resurrección. Lo que, por decirlo así, se cumplirá físicamente en Él, Él ya lo lleva a cabo anticipadamente en la libertad de su amor. Él entrega su vida y la recupera en la resurrección para poderla compartir para siempre.

Señor, Tú nos entregas hoy tu vida, Tú mismo te nos das. Llénanos de tu amor. Haznos vivir en tu «hoy». Haznos instrumentos de tu paz. Amén

miércoles, 8 de abril de 2009

Las reflexiones del Viacrucis preparadas por un salesiano

ppmenamparampil060409 Las reflexiones del Viacrucis que el Papa presidirá el próximo 10 de abril, Viernes Santo, en las inmediaciones del Coliseo, en Roma, han sido preparadas por Mons. Thomas Menamparampil, salesiano arzobispo de Guwahati, India.

Esta es la segunda ocasión en la que el Santo Padre confía esta responsabilidad a un hijo de Don Bosco. Ya el año pasado el Cardenal Joseph Zen, obispo de Hong Kong, preparó y dirigió las meditaciones entorno a cada una de las estaciones del Viacrucis del Papa, celebración que año con año reúne a un grande número de fieles, sobre todo de jóvenes.

Mons. Menamparampil, en declaraciones referidas por diversos medios católicos, ha manifestado que este servicio suyo al Papa expresa la cercanía del Pontífice para con los cristianos que sufren persecución en la India a causa de su fe.

“En las oraciones –del Viacrucis- meditamos sobre los sufrimientos de Jesús al final de su vida. A través de las oraciones contemplamos los pecados que hemos cometido y por los cuales el mundo sufre. Se concentran en los valores humanos, valores que debemos heredar en vista de crear un mundo pacífico y mejor”. Estas han sido algunas de las palabras con las que el arzobispo de Guwahati ha explicado el sentido de las oraciones del Viacrucis al “Telegraph”, un periódico de su país.

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Sobre los textos del Viacrucis que presidirá el Papa el próximo viernes, el arzobispo salesiano ha señalado que para su realización ha querido inspirarse en la esencia de la espiritualidad india la cual, según el prelado, es la “no violencia”.

"Me he dedicado a la reflexión personal para llevar a cabo este encargo tan precioso en unos dos meses, mientras desarrollaba los intensas actividades de evangelización y formación en el territorio de la diócesis y fuera", relata el Arzobispo.

Siempre ocupado por su intensa labor pastoral, Mons. Menamparampil ha explicado también que no ha sido fácil preparar las meditaciones. De hecho –relata- ha tenido que prepararlas aprovechando diversos momentos libres durante sus visitas pastorales, incluso en lugares carentes de electricidad, por lo que algunas meditaciones las ha escrito por las noches a mano en simples hojas de papel.

"a menudo me encontraba en aldeas aisladas, sin estructuras y sin corriente eléctrica. A veces he escrito notas en unas hojas, durante la noche. He intentando sumergirme en la persona de Jesús y, mientras viajaba a causa del trabajo pastoral, he palpado personalmente la agonía de la humanidad de hoy, viendo tantas personas sufrir por enfermedades, hambre, miseria".

En estos tiempos difíciles, prosigue "he tratado de dejarme conducir por la esperanza: a pesar de las trágicas situaciones que encontramos, como cristianos estamos llamados a compartir la esperanza con los débiles y los que sufren. Ésta es nuestra misión".

Además, "he buscado ver el problema del mal, que es parte del combate espiritual de todo cristiano, yo mismo incluido. He tratado de dar respuesta a la pregunta: ¿por qué sufren los inocentes? Y he dirigido la mirada a la Cruz, al Cristo inocente que sufrió por nosotros".

Mons. Menamparampil es reconocido por sus capacidad para promover la paz, actuando incluso en diversas ocasiones como mediador en conflictos entre diversos grupos étnicos o religiosos en su país.

Las meditaciones y los textos del Viacrucis se encuentran publicados en el sitio oficial de la Santa Sede.

SE BUSCA

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Feliz Cumpleaños Amigos.

MAURICIO CAÑADAS.

Coordinador de la Sede Ciudadela Don Bosco y COORDINADOR NACIONAL DE IGLESIA JOVEN en El Salvador, cumplirá años el próximo viernes 10 de Abril, desde ya les enviamos muchisimos saludos y felicitaciones, Seguramente LOS AMIGOS DE MAURICIO lo festejaran.

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MUCHISIMAS FELICIDADES MAURICIO Y BENDICIONES.



También mi querido amigo Mario Cuellar Marchelli estará tiernito el próximo domingo 12 de Abril (Domingo de Resurrección), casualidad ambos son de la Comunidad de Jerusalem, Mario es el primer Pastor General de la Comunidad de Jerusalem como quien dice EL PRIMER OBISPO.

FELICIDADES MARIO Y MUCHAS BENDICIONES, saludos cariñosos a la familia.

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En la foto con su Familia: Joan, Gabbi, Catherine & Sean Angelo,

 

El Papa se solidariza con víctimas de terremoto en Italia y expresa deseo de visitar zona

Al final de la audiencia general de hoy, celebrada en la Plaza de San Pedro, el Papa Benedicto XVI manifestó su cercanía espiritual con las víctimas del terremoto que el lunes sacudió el centro de Italia, dejando hasta el momento 260 muertos,  y expresó de su deseo de visitar la zona “en cuanto sea posible”.

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El Santo Padre renovó su "cercanía espiritual a la querida comunidad de L'Aquila y de los demás pueblos, duramente sacudidos por el violento fenómeno sísmico de los pasados días, que ha provocado muchas víctimas, numerosos heridos y enormes daños materiales".

El Papa destacó "la solicitud con la que las autoridades, fuerzas del orden, voluntarios y otros agentes están socorriendo a estos hermanos nuestros” porque “demuestra qué importante es la solidaridad para superar juntos pruebas tan dolorosas”.

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“Deseo decir una vez más a aquellas queridas poblaciones que el Papa comparte su pena y sus preocupaciones. Espero venir a veros en cuanto sea posible. El Papa reza por todos, implorando la misericordia del Señor por los difuntos y el consuelo materno de María y la esperanza cristiana por los supervivientes y los familiares".

El Papa Benedicto XVI saludó luego a más de cuatro mil estudiantes de 200 universidades que participan esta semana en Roma en el Congreso internacional UNIV, promovido por la prelatura del Opus Dei.

"Queridos amigos, os exhorto a responder con alegría a la llamada del Señor para dar un sentido pleno a vuestra vida: en el estudio, en las relaciones con los colegas, en la familia y en la sociedad. ‘De que tú y yo -decía San Josemaría Escrivá- nos portemos como Dios quiere, no lo olvides, dependen muchas cosas grandes’, una enseñanza importante que es necesario meditar", explicó.

Benedicto XVI pide a católicos vivir a profundidad esta Semana Santa

El Papa Benedicto XVI dedicó la Audiencia General de hoy a hablar sobre la Semana Santa, "que para nosotros los cristianos es la semana más importante del año”, y recordó a los católicos que estos días nos ofrecen “la oportunidad de vivir en profundidad los eventos centrales de la Redención, de revivir el misterio pascual, el gran misterio de la fe”.

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El Santo Padre explicó que Jesús "no quiso usar su ser Dios, su dignidad gloriosa y su potencia como instrumento de triunfo y signo de distancia entre nosotros". "Por amor, quiso "vaciarse de sí mismo" y hacerse nuestro hermano; por amor compartió nuestra condición, la de cada hombre y de cada mujer", indicó.

Benedicto XVI repasó las celebraciones centrales de estos días y explicó que la Misa del Crisma es como "un preludio al Triduo pascual, que comienza mañana" pues "en ella se renuevan las promesas sacerdotales pronunciadas el día de la ordenación".

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Esta celebración "tiene este año un significado particular, pues es como una preparación al Año Sacerdotal, que he convocado con ocasión del ciento cincuenta aniversario de la muerte del Santo Cura de Ars, y que se inaugurará el próximo día 19 de junio. En la Misa del Crisma "se bendicen el óleo de los enfermos y el de los catecúmenos y se consagra el Crisma", indicó.

Asimismo, señaló que en la misa del Jueves Santo por la tarde, llamada "in Coena Domini", "la Iglesia conmemora la institución de la Eucaristía, el sacerdocio ministerial y el mandamiento nuevo -mandatum novum- de la caridad, dejado por Jesús a sus discípulos". Este día "constituye, por tanto, una invitación renovada a dar gracias a Dios por el don supremo de la Eucaristía, que hay que acoger con devoción y adorar con fe viva".

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El Papa también afirmó que el Viernes Santo es el "día de la pasión y de la crucifixión del Señor. La muerte de Cristo recuerda el dolor y los males que gravan sobre la humanidad de todos los tiempos: el peso aplastante de nuestro morir, el odio y la violencia que siguen ensangrentando la tierra. La pasión del Señor sigue estando presente en los sufrimientos de los seres humanos".

Pero aclaró que "si el Viernes Santo es un día lleno de tristeza, también es un día muy propicio para reavivar nuestra fe, para consolidar nuestra esperanza y la valentía de llevar cada uno nuestra cruz con humildad, confianza y abandono en Dios, seguros de su apoyo y de su victoria".

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Benedicto XVI destacó que "esta esperanza se alimenta en el gran silencio del Sábado Santo, en espera de la resurrección de Jesús". En este día, "la Iglesia vela en oración como María y junto a María, compartiendo sus mismos sentimientos de dolor y de confianza en Dios. Se recomienda justamente conservar durante toda la jornada un clima de recogimiento, que ayude a la meditación y a la reconciliación; se anima a los fieles a que se acerquen al sacramento de la Penitencia para poder participar renovados en las fiestas pascuales".

Refiriéndose a la solemne Vigilia Pascual, "madre de todas las vigilias", el Papa Benedicto XVI recordó que en ella "se proclama la victoria de la luz sobre las tinieblas, de la vida sobre la muerte, y la Iglesia se alegra en el encuentro con su Señor. De este modo entramos en el clima de la Pascua de Resurrección".

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Finalmente, el Santo Padre invitó a los fieles a "entrar con la Virgen María en el Cenáculo, permaneciendo a los pies de la Cruz, velando idealmente junto a Cristo muerto, aguardando con esperanza el alba del día luminoso de la resurrección".